10 Minutos con Jesús. Hoy: Bebiendo una cerveza con Jonás - Misioneros Digitales Católicos MDC
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10 Minutos con Jesús. Hoy: Bebiendo una cerveza con Jonás

por 10 Minutos con Jesús

A las puertas del segundo domingo de Cuaresma, compartimos una de las meditaciones que difunde el equipo de 10 Minutos con Jesús. El equipo de 10 Minutos con Jesús está conformado por sacerdotes y laicos de EE.UU., México, Inglaterra, España, Colombia, Kenya, Filipinas, que hacen posible que miles de personas de todo el mundo pasen 10 minutos diarios de conversación con Jesús a través de WhatsApp, Spotify, Telegram, Instagram, YouTube, Ivoox, Podcast de Apple, Google Podcast.

Señor
mío y Dios mío. Creo firmemente que estás aquí; que me ves; que me oyes. Te adoro
con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con
fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, San José, mi padre y señor, ángel
de mi guarda, interceded por mí.

Jonás, la ballena y Ninive

La
historia de Jonás es una historia de conversión propia de Cuaresma. Te la
cuento por si no la conoces. Mejor todavía si te lees el libro de Jonás, que es
muy cortito y  se puede leer en cinco
minutos. Muy  resumidamente Dios le pide
a Jonás que vaya a predicar la conversión a los ninivitas; pero Jonás no sólo
no se dirige a Nínive, donde eran muy brutos, sino que toma un barco en sentido
contrario. Según algunas interpretaciones se encamina hacia lo que ahora sería Cádiz.
Pero el viaje se complica. Hubo una gran tormenta y están a punto de naufragar
y los marineros piensan que la tormenta viene por la infidelidad de alguno de los
que están en el barco. Al final Jonás confiesa que él ha sido el infiel y le
echan al mar. Al caer al mar la tormenta se detiene y a Jonás lo engulle un
gran pez. En el vientre de la ballena Jonás reza una bella oración y después de
tres días y tres noches en el vientre del pez es expulsado y ya en tierra firme
Dios le vuelve a pedir que vaya a Nínive. Esta vez Jonás obedece y profetiza la
ruina de Nínive si no se convierte. Sus palabras surten efecto y los ninivitas
convierten su corazón salvándose de su destrucción. Al leer esta historia me
viene a la cabeza un recuerdo de la JMJ de Madrid poco después de mi ordenación
sacerdotal.

Mi encuentro con Jonás

Estaba confesando junto a una multitud de sacerdotes en el Parque del Retiro en Madrid donde habían instalado un auténtico parque del perdón, enorme, con cientos de confesionarios. Ello fue una maravilla. No sé si lo conociste; pero si estuviste aseguró que no lo olvidas. Hacía un calor impresionante. Yo me encontraba empapada de sudor y con mucha sed la verdad. Cuando ya dejó de pasar gente, eran como las 3 de la tarde, se me acercó un chico de unos 30 años. Pensaba que ángel de la guarda o un arcángel ministerial que dicen que tenemos los sacerdotes. No me lo pensé ni medio minuto, así que acepté la invitación y nos fuimos al bar más cercano. Ya frente a nuestras cervezas frescas, él me preguntó muchas cosas. Cuando le estaba contando que atendí a un grupo de jóvenes que dormían en el escorial, me interrumpió y me dijo: “Padre, yo soy Jonás”. Se ve que tenía ganas de ir al grano. Yo le pregunté si su nombre era Jonás y  me respondió que no se llamaba Jonás sino “que soy Jonás”. Yo me quedé un poco extrañado y le mire con cara de no entender. Entonces empezó a explicarme como él con 17 años, pues era un chico que estaba cerca de Dios,  en un momento dado pensó que Dios le podía llamar al sacerdocio; pero le daba tanto miedo a la posibilidad de ser sacerdote que “empecé a alejarme de Dios, de la oración primero y por fin de los sacramentos”. No solo se alejó de Dios sino que como Jonás empezó a caminar en sentido opuesto a Dios. Me contó una historia increíble de auténtico hijo pródigo, llena de tormentas y de naufragios personales. Me dijo que había llegado a sentirse tan vacío que se apuntó a la JMJj de Madrid dispuesto a cruzar el charco, porque era americano sin saber muy bien por qué. Aquí, me decía, en la capilla del Santísimo, v que hay junto a los confesionarios, “me he sentido como Jonás. He rezado a Dios como no lo hacía desde hacía muchos años. Como Jonás en el vientre de la ballena y me he dado cuenta de que Dios no me reprocha nada. No ha dejado de quererme. N se ha cansado de mí y que me va a querer haga lo que haga. Y ahora pues le estoy contando esto que nunca le conté a nadie”. Estaba escuchándole con una gran emoción y con mucho cariño y pensando en  la maravilla que es ser sacerdote. ¿Quién soy yo para que esta persona me abra si su alma y encima me invite a una cerveza? No me abría su alma a mí  sino que en realidad le abría su alma a Jesucristo.  Al final me preguntó: “¿Usted cree que todavía puedo ser sacerdote?” Me sorprendió la pregunta la verdad. No sabía qué responderle. Le dije que cuando llegase a su casa de vuelta de la JMJ j que hablase con algún sacerdote amigo suyo o que, si se animaba, que fuese a ver al obispo que seguro que le escuchaba con mucho cariño. A al final no sé si nuestro Jonás acabó siendo sacerdote o no. Venía de tierras muy lejanas y no intercambiamos el teléfono. Lo que sí sé es que como a Jonás Dios no le había abandonado y que ese corazón había recobrado la alegría y que estaba decidido a no separarse más de Dios.

Jesús, Jonás y los signos

Jesús
habla de Jonás en el evangelio de san Lucas. La gente se apiñaba alrededor de Jesús
y él se puso a decirles: “esta generación es una generación perversa. Pide un signo
pero no se le dará más signo que el de Jonás. Pues como Jonás fue un signo para
los habitantes de Nínive, lo mismo será el hijo del hombre para esta generación”.
Señor parece que no te gusta que te pidan signos. Seguro que los signos que te
pedían eran del tipo “Señor, si eres hijo de Dios, que se vayan los romanos de Jerusalén
y dejan de cobrar los impuestos”;  o “Señor,
si eres hijo del Mesías, que tengamos salud y buenas cosechas. Te pedirían
seguramente  por cosas terrenas, por las
necesidades que tenemos. Pero hay un modo de pedir signos al señor. A ti Jesús
no te gusta los que te piden signos de ese modo. Parece que tienen poca
sintonía contigo. No están muy cerca de tus sentimientos Jesús. Son esos
corazones que están como demasiado preocupados por las cosas de aquí abajo y
que ven como tu omnipotencia como una solución a sus problemas. Tu Jesús les
llamas perversos porque solo miran hacia lo terreno. La verdad es que a mí me
parece una palabra un poco fuerte, Señor. Esa perversión consiste en cambiar la
relación con Dios en vez de buscar a Jesús para que nos muestras el camino al cielo.
Parece que piden que Dios baje a la tierra a arreglar los problemas de la tierra.
Esa visión tan terrena impide llegar a Dios: Necesita de una buena conversión.
El  mismo Satanás le pidió signos de esa manera.
En las tentaciones del desierto. “Si eres del hijo de Dios -le dice Satanás  -haz que se conviertan estas piedras en panes”.
No es que esté mal pedir cosas a Dios. Al contrario, te pedimos continuamente Jesús
por nuestras necesidades y te encanta. La cuestión es que no perdamos de vista
que todo lo de esta tierra debe conducirnos al cielo y que Dios nos quiere
tanto que nos va a dar lo mejor para llegar al cielo. Por eso es muy bueno
pedir pero siempre añadiendo que el Señor me de lo que más convenga a mi alma;  o dicho o dicho de otra manera, que no se haga
mi voluntad sino la tuya. Hay muchas personas que se quedan un poco como decepcionadas
o incluso enfadadas con Dios después de pedir con insistencia una cosa buena,
como la salud o el trabajo, al ver que no se cumplen sus expectativas. Nos
puede parecer entonces como si a Dios no le importásemos o no tuviese
suficiente poder para arreglar las cosas. Y no es que a ti señor no te importen
nuestros problemas, al contrario. Pero te importa mucho más la salud de nuestro
corazón y nuestra vida eterna. Los planes del Señor son siempre más sabios que los
nuestros y están encaminados a convertir nuestro corazón. A veces la conversión
del corazón pasa a través de situaciones difíciles en las que nuestras
seguridades humanas se tambalean y se nos invita a abrirnos a un horizonte de
abandono. Un poco inquietante al principio; pero que esconde la verdadera paz.
Entonces nos pides que confiamos en ti. El signo de Jonás es un signo de verdadera
salvación. Es una imagen del misterio pascual de Jesús,  el misterio de su muerte y de su resurrección.
Del paso de la muerte a la vida. Por eso Jonás pasa tres días en el vientre de
la ballena como Jesús sepultado y a los tres días resucita y es expulsado a la tierra
firme como Jesús es expulsado de la muerte. El signo de Jonás nos dice cómo es
la salvación que Dios nos trae. Es un signo de muerte y resurrección. Cuando
nuestro amigo Jonás, el de la cervecita, me contaba su historia de conversión,
había en él como como una muerte y una nueva vida que surgía. Él estaba como
enterrando una vida mortecina y triste y comenzaba en él a nacer una vida de
alegría y de paz.

La conversión

Cada conversión
es como nacer a una nueva vida. Cada conversión es una maravilla. Ánimo que
tampoco Dios se ha cansado de ti. Tú también te puedes convertir en esta Cuaresma.
Puedes comenzar con una buena confesión. La confesión es y representa el signo
de Jonás. Allí morimos al hombre viejo dejando que entres Jesús en las
profundidades de nuestros pecados para salir a tierra firme dispuestos a
recomenzar.

Final, final

Gracias Dios mío por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía inmaculada, San José, mi padre y señor, ángel de mi guarda, interceded por mí.

 


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