A la mitad del tiempo cuaresmal, compartimos una de las meditaciones que difunde el equipo de 10 Minutos con Jesús. El equipo de 10 Minutos con Jesús está conformado por sacerdotes y laicos de EE.UU., México, Inglaterra, España, Colombia, Kenya, Filipinas, que hacen posible que miles de personas de todo el mundo pasen 10 minutos diarios de conversación con Jesús a través de WhatsApp, Spotify, Telegram, Instagram, YouTube, Ivoox, Podcast de Apple, Google Podcast.
Señor
mío y Dios mío. Creo firmemente que estás aquí; que me ves; que me oyes. Te adoro
con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con
fruto este rato de oración. Madre mía
inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda, interceded por mí.
Mirad el título
Por si
no te has fijado en el título de estos 10 minutos con Jesús, te lo voy a decir.
El título es “La madre de los dos Zebedeos se pasó de frenada”. Entre los
apóstoles de Jesús había dos parejas de hermanos. Por un lado estaban Pedro y Andrés, y por el otro Santiago y Juan. La
madre de Santiago y de Juan iba con Jesús. Era una mujer de las que iban en la caravana del Señor. En una ocasión
subía Jesús con sus discípulos camino de Jerusalén, quizás para una de las fiestas de Jerusalén. Si
quieres llegar a Jerusalén tienes que subir porque Jerusalén está en lo alto de
un monte y es una buena cuesta. Es una buena caminata. Jesús que sube con sus
discípulos hacia Jerusalén sabe que Jerusalén sería el lugar. Él sabe que va a morir ahí, en lo alto del mismo
monte en el que Abraham iba a sacrificar a su hijo Isaac, hasta que el ángel
para el brazo de Abraham: Para que no los tome por sorpresa, Jesús les dice las
siguientes palabras: “Mirad, estamos subiendo a Jerusalén y el hijo del hombre va
a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas y lo condenaran a
muerte; y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo
crucifiquen y al tercer día resucitará”. Jesús se está preparando porque se acerca
el momento. En esto Jesús fallaste porque tus discípulos no te entienden. Sólo
van a entender después de la resurrección, un poco, y sobre todo después de Pentecostés.
Antes, ellos no entienden. Y como es un camino cuesta arriba, tendrían que
hacer paradas.
El pedido de mamá
En una
de las paradas, la madre de Santiago y Juan, hace una petición un poco audaz. Ya
se sabe cómo son las madres. Las madres quieren lo mejor para sus hijos. Todas
las madres están convencidas de que sus hijos son los mejores. Pues la madre de
los Zebedeos quiere para sus hijos lo mejor. Le va a hacer una petición a Jesús
un poco increíble. Hay que tener en cuenta que sus hijos, Santiago y Juan eran
de los más enchufados. Son los que no se pierden nada de la película. Pero su
madre quiere que su Santiaguito y su Juanito lo tengan todo. Y organiza un buen
lío, porque además lo hace delante de todos. Que podría haber sido más
discreta. Y le dice: “Señor, ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu
reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. Ella del reino de Jesús no
tiene una idea muy definida; pero ellos son los más importantes. Esto lo tiene clarísimo.
Hay que pedir bien
Pero hay que pedir bien. Pero evidentemente la madre de los Zebedeos pide mal, se pasó de frenada. Prudente, Jesús la corrige. “No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?” Sin saber muy bien a qué se refería, le dicen los dos hijos que los son. Jesús dice: “Beberéis el cáliz de la pasión pero el puesto a mi derecha o a la izquierda no me toca a mí concederlo. Lo es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre”. Se monta una discusión sobre el tema. Incluso se llegaron a indignar todos contra estos dos hermanos. Se enfadan todos con ellos y Jesús ya veía que aquello se le va de tono y dice: “El que quiera ser grande, que sea vuestro servidor: Y el que quiera ser primero entre vosotros que sea su esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan sino para servir y dar su vida en rescate por muchos”. Señor estás en otra órbita. Aquí hay dos órbitas. La órbita de la madre de los Zebedeos y la órbita de Jesús. Está la órbita del que manda y triunfa y al que le sirven los demás, y está la órbita de Cristo, de los que son felices haciendo felices a los demás. Es la órbita de los que dan.
La pelota y el perro
Una vez
me contaron la historia de un veterinario de un pueblo que se hace una herida
en un dedo y se lo venda. Acaba su trabajo y se va a su casa. En la carretera
se cruza con un coche que le para y le explica que el perro, al que tiene mucho cariño a la familia, se ha
tragado la pelota con que jugaban los hijos y que se estaba muriendo. A la luz
de los faros del coche y con el dedo vendado mete la mano en la boca del perro
y consigue sacar la pelota. Los niños que estaban en el coche empiezan a saltar
de júbilo y se lo agradecen. Días después el veterinario recibe una carta de la
madre que decía: “Querido veterinario del dedo vendado”. Ahí está la clave ir
por la vida. Con el dedo vendado, con ganas de servir. Es una buena manera de
enfocar la conversión. Salir de la órbita del yo para entrar en la órbita del tú,
del nosotros. En esta órbita la reina es María. Se lo podemos pedir a ella para
terminar. Madre María, que yo sepa con tu ayuda entrar en la órbita del tú, del
nosotros, para servir a los demás con alegría.
Final, final
Te doy gracias Dios mío por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía inmaculada, San José, mi padre y señor, Ángel de mi guarda, interceded por mí.
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