La Basílica menor y Convento de San Francisco, Monumento Nacional desde 1941, es una de las construcciones más hermosas (religiosas y laicas) y uno de los principales centros de adoración religiosa de la ciudad de Salta.
Siendo que la misma cuenta con la Catedral y la fiesta del Señor y la Virgen del Milagro, este templo, por su belleza e historia tiene poco que envidiarle. Incluso es comparable con grandes templos europeos, a mi parecer. El edificio principal fue construido en el siglo XVIII y la torre del campanario que lo acompaña fue construida cien años más tarde, a mediados del siglo XIX, ambos decorados con un estilo barroco, con una fachada de colores magenta y marfil.
Historia – Los Franciscanos en América
Los primeros frailes que llegaron con Colón al nuevo mundo fueron franciscanos. Esta elección no fue casual, ya que eran quienes tenían grandes conocimientos cosmográficos, pero también, y sobre todo, tenían mucha experiencia en sus viajes misionales.
Llegaron en el segundo viaje de Colón a las Indias, donde fundaron en Santo Domingo su primera misión y, desde allí, se propagaría rápidamente por toda América.
A diferencia de los conquistadores, quienes tenían como objetivo prioritario la riqueza del Nuevo Mundo, los franciscanos fueron con un espíritu muy distinto: compartir sus vidas junto a los hermanos aborígenes aprendiendo su idioma y su estilo de vida.
Los primeros frailes en llegar a estas tierras lo hacen con la formación teológica y espiritual propia de la cosmovisión de la época (idea de Dios, del hombre, de la naturaleza y de las relaciones entre ellos). Con todo, los franciscanos, imbuidos del espíritu de Francisco de Asís y los primeros teólogos de la Orden, representan un significativo avance respecto de su época en el contenido y la forma de la acción evangelizadora.
Los franciscanos buscaron la renovación de la fe cristiana desde un anhelo compartido con el espíritu humanista de la Europa renacentista: la construcción de “EL HOMBRE NUEVO”.
En 1524 se constituye institucionalmente la Orden franciscana en América continental. Llegan a México 12 frailes, llamados tradicionalmente “Los 12 apóstoles”.
Historia – Los Franciscanos en Salta
Dios ha querido que el pueblo salteño haya sido acompañado por los hermanos franciscanos desde el mismo momento de su fundación. El 16 de abril de 1582, Lunes de Pascua, el Gobernador Hernando de Lerma fundó la Ciudad de Lerma del Valle de Salta, en el territorio de la provincia del Tucumán, situada a las orillas del río de los Sauces (hoy calle San Martín) y del río Siancas (hoy río de Vaqueros). Estuvieron presentes en el momento de la fundación el Obispo del Tucumán Fray Francisco de Victoria, el Deán de la Catedral de Santiago del Estero don Francisco de Salcedo, el Chantre de la misma Catedral don Diego Pedrero de Trejo, el Comendador de la Orden de la Merced Fray Nicolás Gómez y el franciscano Fray Bartolomé de la Cruz. El fundador le otorga un solar a este último, destinado a la construcción de la iglesia y convento.
Su labor fue y es acompañar a la población de la ciudad y a los pueblos originarios ava guaraní, wichi, chiriguanos, tobas y chané tanto espiritualmente como en la educación, el trabajo, la cultura y la inserción social.
La mayoría de los hermanos franciscanos provenientes de Italia llegaban con un oficio que brindaban al servicio de la casa. Ellos mismos hacían las tejas musleras, tenían una huerta que llegaba hasta la calle Lerma, el taller de oficios donde trabajaban enseñando herrería, cantera, fundición de campanas, sastrería, carpintería, panadería y carnicería, fabricación de ostias y, más tarde, una imprenta en la que hacían réplicas de incunables y un diario, “La voz Seráfica”, que comienza su difusión a mediados del siglo XX y fue la revista de más publicaciones que tuvo el norte argentino. Se han llegado a imprimir 12.000 ejemplares.
Durante casi todo el siglo XVII con el crecimiento de la población y la fundación de distintos pueblos en los valles, los franciscanos se dedicaron a acompañar espiritualmente y a contarles la historia del Amor de Dios a las tribus de tobas y humahuacos en lo que hoy es Jujuy, chiriguanos, pulares y diaguitas. En la actualidad acompañan a los pueblos originarios wichi guaraní en la misión Pichanal, Aguaray y la Peña (Tartagal)
Para los franciscanos y para las otras órdenes religiosas, el periodo de 1810 a 1860 fue un continuo calvario. Fueron cerradas todas las casas donde no había un alto número de religiosos, hubo infiltración de elementos espías, se restringió y supervisó toda actividad apostólica, se vigiló estrictamente cada misión indígena.
En 1857 se funda el Colegio Apostólico de Propaganda FIDE, el cual resultó la fuerza evangelizadora en la población salteña tanto en la capital como en el interior junto a las poblaciones aborígenes. Su presencia fue de carácter religioso, social y educacional.
Entre 1850 y 1860 se restituyeron muchos conventos a la orden franciscana, entre ellos el convento San Francisco como centro misionero. En esos años comenzó nuevamente a prosperar la vida religiosa, debido al aporte de la llegada de los 12 misioneros italianos de Propaganda Fide que se hicieron cargo de los campos de apostolado de los lugares más apartados y eran llamados para la predicación de todas las iglesias. A toda hora estaban dispuestos para las confesiones y acudir a las casas de los enfermos, llegando a llamar a la ciudad de Salta como “La Asís argentina”.
En 1886, durante la epidemia de cólera, el convento se abrió como refugio y la iglesia se convirtió en hospital. Los hermanos franciscanos acogieron espiritualmente y clínicamente a la población.

Historia – La Basílica
La historia de esta casa comienza en el año 1582 cuando Hernando de Lerma, fundador de Salta, junto a Fray Francisco de Vittoria, Obispo de Salta, asigna a fray Bartolomé de la Cruz un solar destinado a la iglesia y convento San Francisco. De esta manera los frailes comenzaron la construcción de la primera iglesia, en barro y caña.
Al poco tiempo, a causa de un movimiento sísmico colapsó, siendo necesario iniciar la construcción de la segunda. A mediados del siglo XVII el emplazamiento ya estaba en pie y, aunque esta vez se había realizado en madera, la misma fue destruida tras un incendio.
La actual es la tercera iglesia, construida a partir del 17 de septiembre de 1759, siendo guardián del convento el padre Fray Domingo de Aránzazu. La iglesia fue construida con enormes y sólidas paredes de piedra y ladrillo de aproximadamente un metro cincuenta de espesor y mezcla a la cal con techos realizados en bóveda de crucería. Las piedras empleadas fueron movilizadas por frailes y laicos desde el cerro San Bernardo a mula.
En el año 1772 la iglesia y parte del convento quedaron totalmente devastados por un gran incendio. Tras esta catástrofe su reconstrucción fue muy lenta, dado que el único ingreso de los padres franciscanos es la caridad.
La Iglesia y el convento empiezan a recobrar vida y esperanza con la llegada de los misioneros italianos provenientes de la escuela de Propaganda Fide en el año 1857. De esta época data el decorado y restauración del interior de la Basílica, su llamativo frente que en su friso se traduce dedicado “a Dios óptimo y máximo, a la bienaventurada Madre de Dios Virgen Inmaculada, a san Francisco y a san Diego”.
Las imágenes de san Buenaventura, san Severo y La Purísima que se encuentran en la Basílica datan del año 1862.
El 8 de mayo de 1870 se estrenó el interior renovado de la iglesia como se encuentra actualmente y en ese mismo año se comenzó la obra de la fachada. La decoración del frontis, de estilo barroco tardío, fue realizada entre 1870 y 1873.
En el año 1915 se construyó el órgano de tubos de viento con materiales italianos, considerado actualmente como el más grande de Sudamérica. En el mismo año se colocaron los pisos de mármol en el templo y en la sacristía.
El 14 de julio de 1941 la iglesia fue declarada monumento histórico nacional. El 4 de agosto de 1997 fue declarada Basílica Menor por la Santa Sede. En el interior de la iglesia descansan los restos de Francisco de Gurruchaga (creador de la Armada Nacional), de Pachi Gorriti (coronel de las tropas gauchas) y la madre del general Martín Miguel de Güemes, María Magdalena Goyechea.



Descripción
La Basílica Menor y Convento San Francisco se presentan en el mismo lugar que el fundador de Salta, don Hernando de Lerma, le asignó en el Acta de Fundación, el 16 de abril de 1582.
El estilo arquitectónico que se destaca es neoclásico colonial y barroco. Los contrastes de colores, terracotas y dorados de la iglesia de San Francisco, hacen que se destaquen columnas y elementos decorativos de estilo italianizante y de arquitectura barroca.
Se ubica sobre una línea municipal en calle Caseros y retrocede sobre calle Córdoba, creando una plazoleta donde está el Monumento a san Francisco, erigido en 1926 al cumplirse un nuevo centenario de su muerte y que estaba enrejado hasta hace unos años.
La torre que acompaña al templo, la más alta de Sudamérica con sus 53 metros de altura, posee cuatro cuerpos que se van alivianando a medida que se va elevando. El ático fue hecho con elementos barrocos. Las cortinas de los arcos de la fachada corresponden a un periodo de modernidad. Alberga el campanario, que a su vez es el hogar de la campana llamada “Campana de la Patria”, ya que fue fundida con el bronce de los cañones de la Batalla de Salta. Su peso es de 1.406 kg.
La Basílica posee una sola nave en bóveda real, a la que se ingresa por una entrada de triple arco que embellece el atrio. Dos comunicaciones laterales se dirigen a la calle Caseros y a los claustros del convento, en cuyas galerías podemos apreciar el Museo. Tiene una longitud 50 metros de largo, por unos 10 de ancho, aproximadamente, y las paredes son de piedra, ladrillos gruesos y dobles. La bóveda es real y media naranja. Muchos de los retablos son de mampostería y otros de madera pintada y dorada. Dentro de los mismos se destacan, para mi gusto, el de santa Clara, el Altar de san Roque, el Retablo del Crucifijo, el Pesebre, el del Sagrado Corazón, el Altar de san José y, por supuesto, el retablo central.
Al final del crucero se encuentra la cúpula estilo colonial que tiene entre 9 y 10 metros de diámetro y se eleva a 24 metros de altura. La nave culmina con un amplio presbítero donde se destaca el altar mayor, con una arquitectura de orden corinto, rico en mármoles de distintos colores.

La visita
Salta es una ciudad muy linda con mucho para recorrer, mucho para conocer y mucha fe en la gente, que se puede observar en El Cerro, en la Catedral, y en los conventos que existen en la ciudad.
Muchos de estos son hermosos templos con amplia historia, pero al caminar un poco desde la catedral, o desde la plaza principal, se llega al templo de San Francisco que es el asombro de todos los que se asoman por el cruce de las calles Caseros y Córdoba.
Realimente es tan bello por fuera como por dentro. Tuve la suerte de disfrutar de la celebración de la santa misa en una de mis visitas. Es un lugar lleno de espiritualidad franciscana con todo lo que esto significa.
El silencio del gran templo, a pesar de la celebración, fue inmenso. Llena de paz el corazón, recordando el saludo típico franciscano “Paz y Bien” proveniente posiblemente del hecho de que san Francisco comenzaba su prédica diciendo “¡El Señor os dé la paz!”.

Tips de Viajero
- Dirección: Cruce de calle Caseros y Córdoba. Salta.
- Horarios de visita:
- Martes a viernes: de 10:30 a 12:30hs. y de 16:30 a 18:30 hs.
- Sábados: de 10:30 a 12:30 hs.
- Horarios de misa
- Lunes a viernes: 9:00 – 20:00 hs.
- Sábados: 9:00 – 20:00 hs.
- Domingos: 9:00 – 11:30 – 20:00 hs.
- Horarios del museo
- Visitas diurnas: lunes a viernes: 10:30 a 13:00 hs. y de 14 a 19:30 hs.
- Visitas nocturnas: todos los primeros y terceros viernes de cada mes.
- A metros del templo está el restaurante “La Casa de Salta”. Recomiendo probar sus empanadas, así como sus tamales.
- ¡Suban en el tren a las nubes!
http://www.conventosanfranciscosalta.com/
Fotos: Arzobispado de Salta
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1 comentario
Dios me dé la gracia de conocer Salta y las obras que le dan gloria