“Den gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con nosotros”
Evangelio según san Marcos 4, 35-41
Aquel día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos:
“Vamos a la otra orilla”.
Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, donde estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó una fuerte tempestad y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua.
Él estaba en la popa dormido sobre un cabezal. Lo despertaron diciéndole:
“Maestro, ¿no te importa que perezcamos?”.
Se puso en pie, increpó el viento y dijo al mar:
“Silencio, ¡enmudece!”, el viento cesó y vino una gran calma.
Él les dijo:
“¿Por qué tienen miedo? ¿Aún no tienen fe?”.
Se llenaron de miedo y se decían unos a otros:
“¿Pero, quién es este? ¡Hasta el viento y el mar lo obedecen!”.
Palabra del Señor.
Transcripción de La Voz del Pastor del 20 de junio de 2021
Escuchemos al Señor Jesús, le está diciendo a sus discípulos: “Vamos a la otra orilla, pasemos a la otra orilla” y parece una palabra insignificante, pero tiene un gran contenido, pasar a la otra orilla en nuestro tiempo, puede significar: vamos a encontrarnos con los otros, a crear un encuentro, vamos al lugar donde nosotros no jugamos de local, sino de visitantes; encontrémonos con el otro.
Eso es muy importante en la vida; en tiempos de Jesús podía haber fronteras invisibles, entre los que pertenecían al pueblo de Israel y aquellos que eran de los paganos, considerados alejados, paganos, con quienes no deberíamos tener una relación. Vamos a la otra orilla es: busquemos a los de la familia que están distantes; que están lejos; que los hemos abandonado; con los cuales hemos sido indiferentes, pero además, socialmente tienen un gran valor esta palabra: “Vamos a la otra orilla”, vamos a encontrarnos con el que piensa distinto, vamos a buscar a aquel que está alejado, no nos abandonemos unos a otros; encontrémonos. Eso es lo que nos está diciendo hoy el Señor con esa frase corta, vamos a la otra orilla, pero en ese ir a la otra orilla hay dificultades.
Ustedes lo encontrarán en la vida práctica, pero también lo encontraron los discípulos, ustedes lo pueden leer en ese cuarto capítulo de san Marcos que estamos meditando hoy; ellos van a la otra orilla obedeciendo a Jesús, pero se encuentran con que se oscurece en medio del mar y que viene la tormenta. Esos son elementos que hacen parte de la vida, de la historia, de las personas, de la familia, de las sociedades.
Vendrá la noche y entonces todo se vuelve como un escenario de caos, de miedo, de inseguridad; estamos viviendo una noche, estamos socialmente viviendo una noche y nuestras familias pueden estar de noche, la humanidad toda, pero en medio de esa oscuridad, de esa tormenta, de esas dificultades, está Jesús; Él está en medio, Él está en la barca con nosotros, nos lo ha recordado el Papa Francisco en ese memorable discurso en la Plaza de San Pedro vacía en medio de la pandemia, nos ha recordado que no debemos tener miedo, que el Señor está con nosotros, que la barca de su familia, la barca de su vida, la barca de nuestra sociedad, está acompañada por el Hijo de Dios, nacido de la Virgen María.
Por eso Él nos dice: No tengan miedo y Él se levanta y no como un acto mágico, sino como un acto de soberanía de Dios, calma la tormenta. Solo Dios tiene la respuesta a las tormentas de nuestra vida, solo Dios puede devolverle a la barca de su familia y de la humanidad entera, la calma necesaria, la serenidad necesaria. (https://attap.umd.edu) Que se necesita de nuestra parte, ser conscientes de la dificultad que vivimos, pero ser conscientes y agradecidos por la presencia del Señor en medio de nosotros.
Esta semana que usted va a comenzar en su vida recuerde, va a tener dificultades, el Señor nos manda a ir a la otra orilla, es decir, encontrarnos, dialogar, respetarnos, pero además, sepa que el Señor está con usted, con su familia y con su vida.
Que el Señor nos bendiga y acompañe.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
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