“No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”
Evangelio según san Juan (6, 24-35)
En aquel tiempo, cuando la gente vio que ni Jesús, ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús.
Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: -Maestro, ¿Cuándo has venido aquí?».
Jesús les contestó:
-En verdad, en verdad les digo: me buscan no porque han visto signos, sino porque comieron pan hasta saciarse. Trabajen no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios». Ellos le preguntaron:
-Y, ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?,
Respondió Jesús: -La obra de Dios es esta: que crean en el que él ha enviado. Le replicaron:
¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti?
¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”,
Jesús les replicó: «En verdad, en verdad les digo: no fue Moisés quien les dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.
Entonces le dijeron:
-Señor, danos siempre de este pan.
Jesús les contestó:
Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás».
Palabra del Señor.
Transcripción de La Voz del Pastor del 1 de agosto de 2021
El domingo pasado, iniciamos la lectura del capítulo 6 de san Juan y ojalá usted lo pueda leer en su casa, busque su Biblia, lea todo el capítulo 6 de san Juan, ¿por qué? porque así como lo leímos la semana pasada, hoy vamos a continuar leyendo otro fragmento de ese capítulo 6 y así durante tres domingos más para completar cinco domingos con el Evangelio de san Juan, en el capítulo 6.
Ese capítulo 6 es el que nos muestra a Jesús como el Pan de Vida, como el pan bajado del cielo, ya los habitantes de las tierras donde Jesús predicó le decían a Jesús es que en el pasado Dios nos dio el maná y ellos vivían como añorando ese pan que comieron sus antepasados en el desierto, pero ahora, ya no hay un maná que se evapora, hay un pan de vida que perdura, que invita a todos a que trabajen por el verdadero alimento, y le preguntan a Jesús: ¿Bueno y qué tenemos que hacer para trabajar por ese alimento qué dura y que da la vida? y el Señor dice: “El trabajo es que crean en el que el Padre ha enviado, es decir en su Hijo, en el misionero del Padre“, en el rostro que nos muestra la misericordia del Padre que es Jesús, nacido de la Virgen María, miren como Jesús lo va llevando a que ellos tengan un hambre distinta, a que descubran que el ser humano hombres y mujeres de todos los tiempos, no solamente tenemos un hambre física que se sacia con un alimento material, sino que tenemos un hambre más amplia, más profunda, más espiritual, si se quiere…existencial.
Esa hambre solamente la puede saciar un pan que baja del cielo y ese pan que bajó del cielo nació de la santísima Virgen María, ese pan que bajó del cielo que puede saciar su vida, la vida de los jóvenes, los anhelos y el hambre de adultos y de todas las razas, de la humanidad entera, es Cristo Jesús, a Él lo anunciamos, a Él lo buscamos, y queremos caminar con Él, encontrar con Él la fuente de la reconciliación del hombre nuevo, de la mujer renovada, del que se alimenta con Cristo y empieza a pensar, a obrar, a amar y a vivir como Cristo Jesús.
Por eso, es tan importante la Eucaristía, por eso es tan importante la Palabra de Dios, porque nos permite saciar esa hambre más profunda que usted y yo tenemos como seres humanos, el hambre de Dios, el hambre de salvación, el hambre de vida nueva.
Que Cristo Jesús sea alimento para usted y su familia, que la Palabra revelada llene su corazón y su vida y que la Eucaristía sea el alimento para que usted sigue el camino de la fraternidad, de la solidaridad, de la reconciliación, del respeto a la vida y de la paz.
Que el Señor nos bendiga y acompañe en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
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