Te Alabamos Señor. Hoy: Salmo 68 - Misioneros Digitales Católicos MDC
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Te Alabamos Señor. Hoy: Salmo 68

por Editor mdc
Salmos

Alabar a Dios, orar, conversar con el Padre, siempre recordando nuestra condición de hijos amados por Él. Estos son algunos de los objetivos de este proyecto de Misioneros Digitales Católicos, que culminará cuando publiquemos el 150.

SALMO 68 (versículos 1-36)

Del maestro de coro. De David. Salmo. Canto.

2 ¡Se alza Dios!

Sus enemigos se dispersan

y sus adversarios huyen delante de él.

3 Tú los disipas como se disipa el humo;

como se derrite la cera ante el fuego,

así desaparecen los impíos ante Dios.

4 Pero los justos se regocijan,

gritan de gozo delante de Dios

y se llenan de alegría.

5 ¡Canten a Dios,

entonen un himno a su Nombre!

¡Abranle paso al que cabalga sobre las nubes!

Su Nombre es «el Señor»:

¡griten de alegría en su presencia!

6 Dios en su santa Morada

es padre de los huérfanos y defensor de las viudas:

7 él instala en un hogar a los solitarios

y hace salir con felicidad a los cautivos,

mientras los rebeldes habitan en un lugar desolado.

8 Oh Dios, cuando saliste al frente de tu pueblo,

cuando avanzabas por el desierto,

9 tembló la tierra y el cielo dejó caer su lluvia,

delante de Dios –el del Sinaí–,

delante de Dios, el Dios de Israel.

10 Tú derramaste una lluvia generosa, Señor:

tu herencia estaba exhausta y tú la reconfortaste;

11 allí es estableció tu familia,

y tú, Señor, la afianzarás

por tu bondad para con el pobre.

12 El Señor pronuncia una palabra

y una legión de mensajeros anuncia la noticia:

13 «Huyen los reyes, huyen con sus ejércitos,

y te repartes como botín los adornos de un palacio.

14 ¡No se queden recostados entre los rebaños!

Las alas de la Paloma están recubiertas de plata,

y su plumaje, de oro resplandeciente»

15 Cuando el Todopoderoso dispersó a los reyes,

caía la nieve sobre el Monte Umbrío.

16 ¡Montañas divinas, montañas de Basán,

montañas escarpadas, montañas de Basán!

17 ¿Por qué miran con envidia, montañas escarpadas,

a la Montaña que Dios prefirió como Morada?

¡Allí el Señor habitará para siempre!

18 Los carros de guerra de Dios

son dos miríadas de escuadrones relucientes;

¡el Señor está en medio de ellos,

el Sinaí está en el Santuario!

19 Subiste a la altura llevando cautivos,

recogiste dones entre los hombres

–incluso entre los rebeldes–

cuando te estableciste allí, Señor Dios.

20 ¡Bendito sea el Señor, el Dios de nuestra salvación!

El carga con nosotros día tras día;

21 él es el Dios que nos salva

y nos hace escapar de la muerte.

22 Sí, Dios aplastará la cabeza de sus enemigos,

el cráneo de los que se obstinan en sus delitos.

23 Dice el Señor: «Los traeré de Basan,

los traeré desde los abismos del mar,

24 para que hundas tus pies en la sangre del enemigo

y la lengua de tus perros también tenga su parte».

25 Ya apareció tu cortejo, Señor,

el cortejo de mi Rey y mi Dios hacia el Santuario:

26 los cantores van al frente, los músicos, detrás;

las jóvenes, en medio, van tocando el tamboril.

27 ¡Bendigan al Señor en medio de la asamblea!

¡Bendigan al Señor desde la fuente de Israel!

28 Allí Benjamín, el más pequeño, abre la marcha

con los príncipes de Judá, vestidos de brocado,

y con los príncipes de Zabulón

y los príncipes de Neftalí.

29 Tu Dios ha desplegado tu poder:

¡sé fuerte, Dios, tú que has actuado por nosotros!

30 A causa de tu Templo, que está en Jerusalén,

los reyes te presentarán tributo.

31 Reprime a la Fiera de los juncos,

al tropel de los toros y terneros:

que esos pueblos se rindan a tus pies,

trayendo lingotes de oro.

El Señor dispersó a los pueblos guerreros;

32 telas preciosas llegan de Egipto

y Etiopía, con sus propias manos,

presenta sus dones a Dios.

33 ¡Canten al Señor, reinos de la tierra,

entonen un himno a Dios,

34 al que cabalga por el cielo,

por el cielo antiquísimo!

El hace oír su voz poderosa,

35 ¡reconozcan el poder de Dios!

Su majestad brilla sobre Israel

y su poder, sobre las nubes.

36 Tú eres temible, oh Dios, desde tus santuarios.

El Dios de Israel concede a su pueblo

el poder y la fuerza.

¡Bendito sea Dios!

Fuente: El Libro del Pueblo de Dios. 

Voz: Flavia Zazano/Cristian Lopez Música: Juanjo Cabrera (Spotify) / Juanjo Cabrera (canal de Youtube)

Comentario del Salmo 68

Himno a Dios, vencedor en Sión, con notables dificultades de traducción e interpretación. Una inclusión (20-36) permite dividir el salmo en dos grandes partes (2-19 y 20-36) y siete secciones:introducción (2-4), invocación hímnica (5-7), del Sinaí a Sión (8-19), invocación hímnica (20-21), oráculo (22-24), cortejo hacia el santuario (25-32), conclusión hímnica (33-36). La introducción alude al rito de levantamiento del arca, que provoca la huida de los enemigos y la alegría victoriosa del pueblo. El núcleo del salmo describe dos peregrinaciones distintas: la marcha triunfal de Dios al frente de su pueblo, desde el Sinaí a Sión, su morada en Israel, y una marcha litúrgica del pueblo hacia el templo a la que se suman los pueblos vencidos. Una y otra peregrinación quedan enmarcadas por sucesivas invitaciones hímnicas, donde se proclaman distintas manifestaciones del poder y la majestad de Dios. En el Salmo 68 encontramos reminiscencias del canto de Débora (Jue 5, 4-5). Igualmente el Salmo 68 (30-32) presenta paralelos con Isaías 60 (67-7,11-14). El salmo concluye con una invitación universal al reconocimiento del poder de Dios y a la alabanza (33-36).

Fuente: La Biblia, La Casa de La Biblia, edición aprobada por la Conferencia Episcopal Española.


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