Alabar a Dios, orar, conversar con el Padre, siempre recordando nuestra condición de hijos amados por Él. Estos son algunos de los objetivos de este proyecto de Misioneros Digitales Católicos, que culminará cuando publiquemos el 150.
SALMO 79 (versículos 1-13)
1 Salmo de Asaf.
Oh Dios, los paganos invadieron tu herencia,
profanaron tu santo Templo,
hicieron de Jerusalén un montón de ruinas;
2 dieron los cadáveres de tus servidores
como pasto a las aves del cielo,
y la carne de tus amigos, a las fieras de la tierra.
3 Derramaron su sangre como agua
alrededor de Jerusalén
y nadie les daba sepultura.
4 Fuimos el escarnio de nuestros vecinos,
la irrisión y la burla de los que nos rodean.
5 ¿Hasta cuándo, Señor? ¿Estarás enojado para siempre?
¿Arderán tus celos como un fuego?
6 Derrama tu furor
sobre las naciones que no te reconocen,
y sobre los reinos que no invocan tu Nombre,
7 porque han devorado a Jacob,
y han devastado su dominio.
8 No recuerdes para nuestro mal
las culpas de otros tiempos;
compadécete pronto de nosotros,
porque estamos totalmente abatidos.
9 Ayúdanos, Dios salvador nuestro,
por el honor de tu Nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados,
a causa de tu Nombre.
10 ¿Por qué han de decir los paganos:
«¿Dónde está su Dios?».
Que se ponga de manifiesto entre las naciones,
ante nuestros propios ojos,
cómo has vengado la sangre de tus servidores,
que ha sido derramada.
11 Llegue hasta tu presencia el lamento de los cautivos,
preserva con tu brazo poderoso
a los que están condenados a muerte.
12 Devuelve siete veces a nuestros vecinos
la afrenta que te hicieron, Señor.
13 Y nosotros, que somos tu pueblo
y las ovejas de tu rebaño,
te daremos gracias para siempre,
y cantaremos tus alabanzas
por todas las generaciones.
Fuente: El Libro del Pueblo de Dios.
Voz: Andrea Carrau Música: Juanjo Cabrera (Spotify) / Juanjo Cabrera (canal de Youtube)
Comentario del Salmo 79
Salmo comunitario de lamentación y súplica, estructurado en tres partes: ataque a Jerusalén (1-4), lamentación y súplica a Dios (5-10), súplica conclusiva (11-13). La destrucción de Jerusalén y el destierro del pueblo a Babilonia (años 587/8 A.C.) provocan esta súplica con tonos de urgencia y desesperación en la que se pide el desquite y la venganza sobre los enemigos y el perdón de los pecados causantes de la desgracia. Como motivación de la súplica, se apela al honor y al nombre de Dios (9-12), a su amor, a la burla de los enemigos. Dios debe demostrar que no se puede atentar impunemente contra su pueblo. Las promesas de acción de gracias y de una alabanza permanente cierran el salmo. Ante la sed de venganza que transmite el salmo, explicable en aquel momento y en el contexto de aquella cultura religiosa (6.10.12), los cristianos no podemos olvidar que Jesús no sólo nos invita a orar por los enemigos, sino que él mismo perdonó en la cruz a sus propios enemigos.
Fuente: La Biblia, La Casa de La Biblia, edición aprobada por la Conferencia Episcopal Española.
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