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Como la gallina reúne a sus polluelos

por Pbro. Tomás Trigo
Dios te quiere

Escuchar aquí el episodio Como la gallina reúne a sus polluelos

«Porque Tú eres mi refugio, la torre inexpugnable frente al enemigo. Que sea yo por siempre huésped de tu tienda, amparado a la sombra de tus alas» (Sal 61, 4-5).

Le gusta al Señor comparar su protección a las alas de las aves. 

«¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y lapidas a los que te son enviados! Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus polluelos bajo las alas, y no quisiste» (Mt 23, 37).

Como la gallina reúne a sus polluelos… Es tierno el cariño de nuestro Dios. Quiere tener a sus hijos cerca, muy cerca, bajo sus alas. Allí encuentran la protección y el calor de su Padre y la compañía de sus hermanos.

Pero «no habéis querido». Jesús parece decepcionado. Lo mismo nos pasaría a nosotros si un amigo al que le hemos demostrado mil veces nuestra amistad, nos despreciara. 

O deseara nuestra muerte…

Supongo que es la soberbia, el afán de autonomía e independencia, lo que nos impide refugiarnos confiadamente bajo sus alas. 

Ese afán es a veces tan exaltado que resulta ridículo y produce risa, si no fuera porque, a la vez, es una actitud lastimosa. Vienen a la cabeza estas palabras de la Escritura: 

«¿Por qué se enorgullece el que es tierra y polvo? Incluso en vida, sus entrañas son repugnantes (…) Cualquier potentado es de vida breve; así, el que hoy es rey, mañana morirá. Cuando el hombre muere, deja en herencia lombrices, bichos y gusanos. Principio de la soberbia humana es alejarse del Señor, y que su corazón se aparte de quien lo creó» (Sirácide 10, 10, 12-15).

No somos nada; pero, al mismo tiempo, somos hijos de Dios, y esa es nuestra grandeza y nuestra fuerza. Dios, el Omnipotente, nos protege, nos cobija bajo sus alas. Nos guarda como a las niñas de sus ojos. Él mismo nos sugiere que recemos así: 

«Guárdame como a la niña de tus ojos, a la sombra de tus alas escóndeme» (Sal 17,8).

Otras publicaciones de Tomás Trigo

Para comprar el libro: Dios te quiere y tú no lo sabes


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