“No elogie a nadie antes de oírlo, porque la persona se prueba en la manera como habla”
Evangelio según san Lucas 6, 39-45
En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos una parábola ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?
No está el discípulo sobre su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.
¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Hermano, déjame que te saque la mota del ojo”, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano.
Pues no hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno; por ello, cada árbol se conoce por su fruto; porque no se recogen higos de las zarzas, ni se ven dimian racimos de los espinos.
El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal porque de lo que rebosa el corazón habla la boca.
Palabra del Señor
Transcripción de La Voz del Pastor del 27 de febrero de 2022
El Evangelio de san Lucas, en el capítulo 6 nos muestra al Maestro Jesús en su esplendor, hablándonos con sapiencia, con sabiduría; llevándonos a ser prudentes, incluso en nuestra forma de hablar, porque él está diciendo en el final de este Evangelio a sus discípulos y a cada uno de nosotros, que la palabra es muy importante, que la forma como nosotros hablamos refleja la riqueza o el vacío que hay en nuestro corazón. De la abundancia del corazón hablan los labios, está diciendo el Señor Jesús.
Cómo es importante la palabra, cuidar la comunicación, que cuando nosotros hablemos como dice san Pablo, de nuestra boca salgan palabras edificantes, palabra de ánimo al estilo de Jesús, palabras que son capaces de reconstruir al ser humano y no de destruirlo, administra bien su palabra.
Estamos llamados a ser administradores de ese instrumento que Dios nos dio, para que nos comuniquemos, para que seamos fraternos, para que expresemos la riqueza que hay desde dentro de cada uno de nosotros. Pero además, el Señor en su sabiduría nos está diciendo: “Que un ciego no puede guiar a otro ciego”, que es necesario que nosotros nos dejemos iluminar por la fuerza, por la luz, por la sabiduría del Espíritu Santo, que nos dejemos guiar por Dios, para que nosotros podamos guiar a otros y esto se aplica primero a nosotros, los pastores de la Iglesia que tenemos esta misión, no podemos ser pastores ciegos, tenemos que dejarnos iluminar por el Señor, si queremos cumplir bien la misión de acompañar a otros que están viviendo también las ceguera espiritual, la ceguera de su vida, del camino de su existencia.
Hoy le pido al Señor, para nosotros los sacerdotes, para los padres de familia, para los docentes, para todos aquellos que tienen una responsabilidad de guías en el ambiente familiar o social, que nos de la sabiduría y que nos permita mirar con humildad nuestra fallas, nuestra vigas, para que el Señor quite las vigas del pecado y no seamos nosotros jueces que vemos la mota que hay en el otro ojo, pero, que no vemos la gran falla, la gran herida, la gran llaga, que el pecado ha causado en nuestra vida.
Que el Señor nos haga guías verdaderamente iluminados por su presencia, y por el don del Espíritu Santo y que de nuestro corazón brote en palabras positivas, constructivas y llenas de Esperanza para bien de quienes nos oyen.
Que el Señor nos bendiga y nos acompañe en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Discover more from Misioneros Digitales Católicos MDC
Subscribe to get the latest posts sent to your email.