Te Alabamos Señor. Hoy: Salmo 101 - Misioneros Digitales Católicos MDC
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Te Alabamos Señor. Hoy: Salmo 101

por Editor mdc
Salmos

Alabar a Dios, orar, conversar con el Padre, siempre recordando nuestra condición de hijos amados por Él. Estos son algunos de los objetivos de este proyecto de Misioneros Digitales Católicos, que culminará cuando publiquemos el 150.

SALMO 101 (versículos 1-8)

De David. Salmo.

Celebraré con un canto la bondad y la justicia:

a ti, Señor, te cantaré;

2 expondré con sensatez el camino perfecto:

¿cuándo vendrás en mi ayuda?

Yo procedo con rectitud de corazón

en los asuntos de mi casa;

3 nunca pongo mis ojos

en cosas infames.

Detesto la conducta de los descarriados

y no los cuento entre mis amigos;

4 la gente falsa se aparta de mí

y nunca apruebo al malvado.

5 Al que difama en secreto a su prójimo

lo hago desaparecer;

al de mirada altiva y corazón soberbio

no lo puedo soportar.

6 Pongo mis ojos en las personas leales

para que estén cerca de mí;

el que va por el camino perfecto

es mi servidor.

7 No habita dentro de mi casa

el hombre traicionero;

la gente mentirosa

no puede permanecer delante de mi vista.

8 Hago desaparecer día tras día

los malvados del país,

para extirpar de la Ciudad del Señor

a todos los que hacen el mal.

Fuente: El Libro del Pueblo de Dios. 

Voz:  Fatima Solaeche Música: Juanjo Cabrera (Spotify) / Juanjo Cabrera (canal de Youtube)

COMENTARIO DEL SALMO 101

Salmo real, presentado como una declaración programática del rey ante Dios. Tras la introducción hímnica, el salmo presenta dos partes casi paralelas: 2-5 y 6-8. La declaración real, pronunciada probablemente durante el rito de entronización, presenta las características de una profesión de rectitud. Tras la promesa genérica inicial de proceder rectamente, se específica en qué consiste: apartarse de los malvados (3-5), acoger a los leales y rectos (6) y expulsar a los malhechores de la ciudad y del país (7-8). (https://www.beyondbeaute.com/) A diferencia del salmista, Cristo no rechaza a los pecadores y descreídos. Al contrario, los acoge, come con ellos, les ofrece el perdón de Dios. Pues son los enfermos los que necesitan del médico (Lc. 5, 30-32)

Fuente: El Libro del Pueblo de Dios /Edición aprobada por la Conferencia Episcopal Española


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