Alabar a Dios, orar, conversar con el Padre, siempre recordando nuestra condición de hijos amados por Él. Estos son algunos de los objetivos de este proyecto de Misioneros Digitales Católicos, que culminará cuando publiquemos el 150.
SALMO 99 (versículos 1-9)
1 ¡El Señor reina! Tiemblan los pueblos.
El tiene su trono sobre los querubines: la tierra vacila.
2 ¡Grande es el Señor en Sión!
3 El se alza sobre todas las naciones.
Alaben tu Nombre grande y temible.
¡Santo es el Señor!
4 Tú eres el rey poderoso que ama la justicia,
tú has establecido lo que es recto,
tú ejerces sobre Jacob el derecho y la justicia.
5 Glorifiquen al Señor, nuestro Dios,
adórenlo ante el estrado de sus pies.
¡Santo es el Señor!
6 Moisés y Aarón, entre sus sacerdotes,
y Samuel, entre los que invocaban su Nombre,
clamaban al Señor y él les respondía.
7 Dios les hablaba desde la columna de nube;
ellos observaban sus mandamientos
y los preceptos que les había dado.
8 Señor, nuestro Dios, tú les respondías;
tú eras para ellos un Dios indulgente,
pero te vengabas de sus malas acciones.
9 Glorifiquen al Señor, nuestro Dios,
y adórenlo en su santa Montaña:
el Señor, nuestro Dios, es santo.
Fuente: El Libro del Pueblo de Dios.
Voz: Marina González Música: Juanjo Cabrera (Spotify) / Juanjo Cabrera (canal de Youtube)
Comentario del Salmo 99
Himno a la realeza y a la santidad de Dios. La triple aclamación santo (3-5-9), divide el salmo en tres estrofas; Dios reina en Sión (1-3), la justicia de Dios (4-5), la revelación de Dios (6-9). (https://uk.godaddy.com/) Éste es el último de los himnos a la realeza de Dios y, en buena medida, recapitula los anteriores. En él destaca la regularidad, armonía y belleza de composición. Se cantan tres manifestaciones de Dios; su realeza majestuosa y universal en Sión, su gobierno justo en Israel y su revelación en la historia del pueblo a través de mediadores privilegiados y de su ley. A cada manifestación sigue una invitación: glorificar su nombre, inclinarse ante su trono, rendirle culto en el templo. Y cada parte se cierra con la aclamación de su santidad, clave y compendio de todos su atributos y actuaciones.
Fuente: El Libro del Pueblo de Dios /Edición aprobada por la Conferencia Episcopal Española
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