Alabar a Dios, orar, conversar con el Padre, siempre recordando nuestra condición de hijos amados por Él. Estos son algunos de los objetivos de este proyecto de Misioneros Digitales Católicos, que culminará cuando publiquemos el 150.
SALMO 104 (versículos 1-35)
1 Bendice al Señor, alma mía:
¡Señor, Dios mío, qué grande eres!
Estás vestido de esplendor y majestad
2 y te envuelves con un manto de luz.
Tú extendiste el cielo como un toldo
3 y construiste tu mansión sobre las aguas.
Las nubes te sirven de carruaje
y avanzas en alas del viento.
4 Usas como mensajeros a los vientos,
y a los relámpagos, como ministros.
5 Afirmaste la tierra sobre sus cimientos:
¡no se moverá jamás!
6 El océano la cubría como un manto,
las aguas tapaban las montañas;
7 pero tú las amenazaste y huyeron,
escaparon ante el fragor del trueno.
8 Subieron a las montañas,
bajaron por los valles,
hasta el lugar que les habías señalado:
9 les fijaste un límite que no pasarán,
ya no volverán a cubrir la tierra.
10 Haces brotar fuentes en los valles,
y corren sus aguas por las quebradas.
11 Allí beben los animales del campo,
los asnos salvajes apagan su sed.
12 Las aves del cielo habitan junto a ellas
y hacen oír su canto entre las ramas.
13 Desde lo alto riegas las montañas,
y la tierra se sacia con el fruto de tus obras.
14 Haces brotar la hierba para el ganado
y las plantas que el hombre cultiva,
para sacar de la tierra el pan
15 y el vino que alegra el corazón del hombre,
para que él haga brillar su rostro con el aceite
y el pan reconforte su corazón.
16 Se llenan de savia los árboles del Señor,
los cedros del Líbano que él plantó;
17 allí ponen su nido los pájaros,
la cigüeña tiene su casa en los abetos;
18 los altos peñascos son para las cabras,
y en las rocas se refugian los erizos.
19 Hiciste la luna para medir el tiempo,
señalaste el sol el momento de su ocaso;
20 mandas la oscuridad, y cae la noche:
entonces rondan las fieras de la selva
21 y los cachorros rugen por la presa,
pidiendo a Dios su alimento.
22 Haces brillar el sol y se retiran,
van a echarse en sus guardias:
23 entonces sale el hombre a trabajar,
a cumplir su jornada hasta la tarde.
24 ¡Qué variadas son tus obras, Señor!
¡Todo lo hiciste con sabiduría,
la tierra está llena de tus criaturas!
25 Allí está el mar, grande y dilatado,
donde se agitan, en número incontable,
animales grandes y pequeños.
26 Por él transitan las naves, y ese Leviatán
que tú formaste para jugar con él
27 Todos esperan de ti
que les des la comida a su tiempo:
28 se la das, y ellos la recogen;
abres tu mano, y quedan saciados.
29 Si escondes tu rostro, se espantan;
si les quitas el aliento, expiran y vuelven al polvo.
30 Si envías tu aliento, son creados,
y renuevas la superficie de la tierra.
31 ¡Gloria al Señor para siempre,
alégrese el Señor por sus obras!
32 El mira, y la tierra se estremece;
toca las montañas, y echan humo.
33 Cantaré al Señor toda mi vida;
mientras yo exista, celebraré a mi Dios:
34 que mi canto le sea agradable,
y yo me alegraré en el Señor.
35 Que los pecadores desaparezcan de la tierra
y los malvados ya no existan más.
¡Bendice al Señor, alma mía!
¡Aleluya!
Fuente: El Libro del Pueblo de Dios.
Voz: Elena Fernandez /Marina Gonzalez Música: Juanjo Cabrera (Spotify) / Juanjo Cabrera (canal de Youtube)
COMENTARIO DEL SALMO 104
Himno a Dios por su obra creadora, posiblemente inspirado en un himno al dios sol de la época del farón Akenaton. Su estructura comprende seis partes: Dios en su morada celeste (1-4), creación de la tierra y separación de las aguas (5-9), cuidado de la tierra y sus habitantes (1-18), el ritmo del tiempo (19-23), providencia de Dios con sus criaturas (24-30), alabanza conclusiva (31-35). Este impresionante himno es un grandioso fresco de la creación en cuya bondad y belleza se recrean, por una parte el propio Dios, su autor, y por otra los ojos contemplativos del poeta que aspira a plasmar esa bondad y belleza en un poema agradable a su Dios. El salmo constituye, además, un auténtico manifiesto ecologista. El tema de fondo es la acción creadora y recreadora de Dios, su bondad y maestría, el cuidado y solicitud divinas para con sus criaturas. Tras la presentación majestuosa de Dios, entronizado en su corte celestial, se habla de la creación de la tierra, que emerge del caos, y de la separación de las aguas. Del escenario general del universo se salta a la tierra habitada y se describe minuciosamente el sustento de los animales, a través de la lluvia, signo de la bendición y fertilidad que Dios garantiza, el trabajo del hombre, único ser que ha de aportar su trabajo; el ritmo del día y de la noche, territorios respectivos de hombres y fieras; el mar y sus habitantes. Tras la descripción minuciosa, la reflexión genérica: todos los vivientes dependen de la bondad de Dios, de su mano abierta, de su aliento vivificador. Tan magnífico espectáculo desencadena en el salmista, la alabanza y la acción de gracias, y una súplica inesperada: que desaparezcan los pecadores y malvados, los que manchan tan sublime belleza y atentan contra tan maravillosa armonía.
Fuente: El Libro del Pueblo de Dios /Edición aprobada por la Conferencia Episcopal Española
Discover more from Misioneros Digitales Católicos MDC
Subscribe to get the latest posts sent to your email.