“Vete y haz tú lo mismo”
Evangelio según san Lucas 10, 15-37
En aquel tiempo, se levantó un maestro de la ley y preguntó a Jesús para ponerlo a prueba:
-Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?»,
Él le dijo:
¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?», Él respondió:
«Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza» y con toda tu mente. Y «a tu prójimo como a ti mismo» Él le dijo:
-Has respondido correctamente. Haz esto y tendrás la vida. Pero el maestro de la ley, queriendo justificarse, dijo a Jesús:
– ¿Y quién es mi prójimo? Respondió Jesús diciendo:
-Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. (freebasstranscriptions.com) Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje llegó a donde estaba él y, al verlo, se compadeció, y acercándose, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo: «Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando vuelva».
¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos?». Él dijo:
-El que practicó la misericordia con él.
Jesús le dijo: Anda y haz tú lo mismo».
Palabra del Señor
Transcripción de La Voz del Pastor del 10 de julio de 2022
Hoy, todavía estamos sintiendo la alegría del encuentro con la Santísima Virgen María, nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, cuya fiesta celebramos ayer. Hoy prolongamos ese gozo del encuentro con María, y decimos Señor tú tienes palabras de vida eterna, nosotros hemos creído y hemos puesto como María nuestro corazón en ti.
En este domingo, el capítulo 10 de san Lucas, nos muestra un pasaje del Evangelio con cuatro preguntas: la primera pregunta, va dirigida de una persona que se acerca a Jesús, ¿cuál es la pregunta primera? ¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna? es una pregunta fundamental, es la pregunta por la salvación, Jesús les responde a esta persona y a nosotros todos, con otra pregunta ¿Qué lees en la Sagrada Escritura? ¿Qué dice ella? y este hombre como nosotros, seguramente responderemos, el mandamiento central, lo que manda el Señor es: “Amar a Dios y al prójimo” y entonces se suscita la tercera pregunta, que es muy importante, este hombre que está dialogando con Jesús el Señor, con el Maestro de la Verdad, le pregunta: ¿Y quién es mi prójimo? ¿Usted se ha preguntado eso? ¿Quién en su prójimo? y el Señor Jesús con una parábola bellísima le va a mostrar que, prójimo es el que se acerca, el que abre los ojos, el que abre el corazón, el que tiene tiempo para detenerse junto al que está tirado en el camino, no da un rodeo, no se hace el de la vista gorda, sino, que se acerca y se la juega por el que está tendido en el camino.
Por eso, la cuarta pregunta es muy interesante, ¿Cuál de los tres que pasaron por aquel lugar, junto al que estaba tendido se portó como prójimo? en últimas, la pregunta fundamental a, ¿Quién es mi prójimo? tiene una respuesta fundamental también… prójimo, es el que se acerca al otro, usted se puede acercar a sus familiares, se puede acercar a sus vecinos.
Qué bueno que, en nuestros pueblos, que, en nuestras veredas, encontremos lugares para hacernos prójimos, para hacernos cercanos, del que está dolido, del que está triste, del que está solo, del que está abandonado, del que no tiene empleo, del que está pasando momentos de prueba, y cuando nos acercamos nos hacemos prójimos.
Por eso, el Señor nos dice: “Vete y haz tú lo mismo”. Este es un tiempo para que nosotros mostremos que somos discípulos del Señor, obrando con projimidad, es decir, con proximidad a aquel que está a nuestro lado, y eso teje unas relaciones nuevas, unas relaciones al estilo de Jesús de Nazaret.
Que el Señor nos de un corazón cercano y fraterno, con toda clase de personas, incluso, con los que piensan distinto.
Que el Señor nos bendiga y acompañe.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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