El pasado 15 de junio, el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida hizo público el “Itinerario catecumenal para la vida matrimonial”. En él se ofrecen orientaciones para mejorar la preparación de los novios antes del matrimonio y el acompañamiento de los cónyuges en los primeros años.
El documento sorprende por su ambición. Deja muy atrás las prácticas al uso en diócesis y parroquias de todo el mundo, siempre reconociendo que el matrimonio, tal y como lo considera la Iglesia -también para los no creyentes- es una institución que está atravesando una fuerte crisis.
El Dicasterio asume las enseñanzas de Juan Pablo II y Francisco y propone aplicar una perspectiva catequética catecumenal, con largos plazos que dejarán atónitos a los que se muestran a favor de una preparación rápida para cumplir un “trámite” previo a la boda:
- FASE PRE-CATECUMENAL. La preparación remota al matrimonio comienza en la infancia y en la juventud.
- FASE INTERMEDIA. La “acogida de los candidatos” dura unas semanas. ()
- FASE CATECUMENAL. Primera etapa: preparación próxima al matrimonio, de aproximadamente un año de duración. No se queda solo en transmisión de contenidos teóricos, sino que esta preparación debe incluir “experiencias de oración (personal, comunitaria y de pareja), celebración de los sacramentos, retiros espirituales, momentos de adoración eucarística, experiencias misioneras, actividades caritativas (según los contextos pastorales)” (n. 58).
- Segunda etapa: la etapa anterior finaliza con un rito de compromiso y un retiro, que abren la puerta a la preparación inmediata (varios meses), y que acaba a su vez con otro retiro antes de la boda.
- Tercera etapa: acompañamiento en los 2-3 primeros años de vida matrimonial. Es tiempo de atención constante a través de diversos medios: lectio divina, encuentros de reflexión, celebraciones litúrgicas, retiros espirituales, conversación espiritual, grupos familiares, actividades caritativas, …
El Itinerario parece poner de manifiesto un cambio radical en el modo de concebir la preparación que necesitan los católicos laicos ante la agresividad del entorno cultural. También lo hace el Directorio para la catequesis, pero en este caso, al especificar el tiempo que sugiere para las distintas etapas, queda más nítida esta característica. También porque contrasta mucho con la praxis hasta ahora vigente.
El Dicasterio considera que, para asumir las orientaciones del documento, es urgente una formación más apropiada de sacerdotes y laicos que participan en el acompañamiento de los jóvenes al matrimonio (ref. n. 86). Y es que poco tiene que ver la propuesta con los tradicionales cursos matrimoniales, cuya insuficiencia queda puesta de relieve por el diagnóstico de la situación y la ambición de las orientaciones. El texto denota mucha fe en Dios y confianza en aquellos a quien va dirigido:
“Aunque la hazaña de poner en marcha un camino de formación tan duradero pueda parecer inviable, exhortamos a las Iglesias particulares a tener valor y a entrar en una correcta actitud de fe, sabiendo que, como nos enseñó Jesús, las obras del Reino siempre empiezan como un pequeño grano de mostaza, pero con el tiempo pueden convertirse en un gran árbol que ofrece cobijo y protección a quienes lo buscan y necesitan.” (Conclusión)
Hace falta, por tanto, mucha fe y, también, formación de formadores que tienen la obligación de ir por delante. Desde iniciativas como #BeCaT, apoyamos con recursos formativos a los sacerdotes y laicos que se encargan de esta tarea.

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