“Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación”
Evangelio según san Lucas 12, 13 -21
En aquel tiempo, dijo uno de entre la gente a Jesús: -Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.
Él le dijo: -Hombre, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes? Y les dijo:
-Miren: guárdense de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes. Y les propuso una parábola:
-Las tierras de un hombre rico produjeron una gran cosecha.
Y empezó a echar cálculos, diciéndose:
“¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha”.
Y se dijo: “Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el trigo y mis bienes. Y entonces me diré a mí mismo: alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente”.
Pero Dios le dijo
“Necio, esta noche te van a reclamar el alma, ¿y de quien será lo que has preparado?”.
Así es el que atesora para sí y no es rico ante Dios.
Palabra del Señor
Transcripción de La Voz del Pastor del 31 de julio de 2022
Hay un libro muy interesante en el Antiguo Testamento que se llama Eclesiastés, grabe lo bien, el Eclesiastés, lo encuentra ya en el Antiguo Testamento. Es uno de esos libros que se llaman Sapienciales, es decir, que nos ayudan a reflexionar profundamente, que nos dan sabiduría. ¿Y, sabe cómo comienza ese Libro del Qohélet, en el capítulo uno? empieza diciendo: “Vanidad de vanidades”, todo es vanidad, para hacernos ver que muchas veces vivimos en un mundo de vanidad, de apariencia, pero, que lo que hay en el fondo es una historia con Dios y que cuando uno encuentra el camino con Dios, se libera de la vanidad, y además se libera de la codicia.
Hoy en el Evangelio, el capítulo 12 de san Lucas, nos está mostrando al Señor Jesús, que nos invita a ser libres de la codicia, la codicia nos lleva a acumular, la codicia nos hace olvidar que somos pasajeros, que el tiempo que nosotros vivimos es demasiado breve, que lo debemos vivir en la fraternidad, en la solidaridad, y que eso es acumular tesoros en el cielo, no acumular tesoros en la tierra.
Nos está llamando a ser libres de todos aquellos apegos que no nos dejan caminar, y atesorar lo que es necesario, que son los bienes de Dios, esos bienes que nos hacen sentir hermanos, esos bienes que nos hacen reconciliarnos.
Vamos a empezar un nuevo mes, vamos a empezar el mes de agosto y yo quiero invitarlo a usted para que le pida a Dios un regalo, que lo libere de la codicia y de la vanidad, y que le permita poner su corazón, su conciencia, su vida, su trabajo, su sabiduría, sus esfuerzos, y toda su familia en el verdadero tesoro que es el corazón de Dios, que acompañan su vida y su familia.
Que el Señor nos bendiga y acompañe.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
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