“Solo con Dios, nuestro país, las familias y nuestra sociedad, puede encontrar el camino de la verdad”
Evangelio según san lucas 11, 1-13
Una vez, Jesús estaba orando en cierto lugar. Cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:
“Señor, enséñanos a orar, como Juan les enseñó a sus discípulos.
Él les dijo:
Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino. Danos cada día el pan cotidiano, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación”.
Y les dijo:
«Supongan que uno de ustedes tiene un amigo, y viene durante la medianoche y le dice:
“Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle”; y, desde dentro, aquel le responde:
“No me molestes. La puerta ya está cerrada, mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos”; les digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por su importancia se levantará y le dará cuanto necesite.
Pues yo les digo a ustedes: pidan y se les dará, busquen y hallarán, llamen y se les abrirá; porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abre.
¿Qué padre entre ustedes, si su hijo le pide un pez, le dará una serpiente en lugar del pez? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?
Si ustedes, pues, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¿cuántos más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que le piden?”.
Palabra del Señor
Transcripción de La Voz del Pastor del 24 de julio de 2022
Hoy, nos unimos como Iglesia colombiana con toda la Iglesia Universal de todos los cinco continentes, celebrando la jornada de los abuelos y de los mayores, y hoy, queremos dar gracias por ellos; hombres y mujeres que han madurado en Cristo y que nos han enseñado a orar.
“Te doy gracias, Señor, porque escuchaste las palabras de mi boca”.
Hoy, cuando estamos contemplando a los ancianos y a los adultos que hay en nuestra familia, y dando gracias por el camino de la vida que ellos han realizado, la Palabra de Dios nos presenta en la primera lectura a un hombre mayor, a un hombre abuelo, a un hombre anciano; Abraham y su esposa Sarah, que no han tenido hijos, que recibieron la llamada del Señor, que se pusieron en camino, y que generaron un pueblo con la esperanza de ser guiado siempre por el Señor.
Y hoy, nos encontramos con Abraham, intercediendo por Sodoma y Gomorra, intercediendo por una ciudad completa, intercediendo por una raza, por una nación. Pues bien, nuestros adultos mayores también interceden, también oran, han orado, y se mantienen en oración, porque ellos saben que solo con Dios, nuestro país, nuestras familias, nuestra sociedad, puede encontrar el camino de la verdad, y en el Evangelio el Señor nos está invitando a orar, a confiar totalmente en nuestro Padre, a pedir lo sencillo, lo que necesitamos cada día, y empezamos diciendo Padre, y cuando decimos Padre, es porque nos reconocemos hermanos, porque no hay nada que nos divida, nos sentimos miembros de la única familia.
Y qué bello, cuando una familia toda, papá, mamá, hermanos, los que hacen presencia en nuestro hogar, se sientan a orar, la oración va creando unos hilos, de concordia, de fraternidad, de diálogo, de capacidad de trabajo.
Eso nos hace falta en Colombia, eso nos hace falta en nuestras ciudades, y en nuestros pueblos, que la oración se convierta luego en estilo de vida, que nos sintamos hijos del mismo Padre, que le pidamos el pan de cada día, y que estemos dispuestos a compartirlo con aquellos que están dentro de nuestra familia, y fuera de ella.
Esta semana, ore intensamente, como Abraham, ore intensamente como Jesús, ore el Padrenuestro y haga una pequeña misión dentro de su familia. Esta semana esfuércense todos los días por combinar el trabajo con pequeños momentos de oración, en comunión familiar.
Que el Señor los bendiga y acompañe.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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