Te doy gracias, Jesús, por este momento, por tener tu mirada puesta en mí. ¡Que detalle más hermoso el tuyo al decidir quedarte con nosotros, no solo un momento sino para toda la vida, ahí en el Santísimo Sacramento del Altar!
A pesar de nuestra fragilidad humana y no darle el debido valor a la Eucaristía, sé que siempre estás dispuesto a esperar por nosotros.
Quiero alabarte Señor porque me llena de gozo tu promesa de que si como de tu carne y bebo de tu sangre permaneces en mí, y yo en Ti. Y quiero responder a tu amor y cercanía rezando:
“Corazón Eucarístico de Jesús, regresamos al mundo, con el alma llena de tu alegría; nos vamos, pero regresaremos pronto, para seguir siendo alumbrados por la luz que irradias desde la Eucaristía. Gracias por habernos llamado a este diálogo de amor, gracias por quedarte entre nosotros, oculto bajo algo que parece pan, pero no lo es. Te adoramos y bendecimos, en el tiempo y en la eternidad. Amén”.
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