“Cristo nos trae el fuego de su amor”
Evangelio según san Lucas 12, 49 -53
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla! ¿Piensan que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división.
Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra».
Palabra del Señor
Transcripción de La Voz del Pastor del 14 de agosto de 2022
El salmo de hoy, nos invita a caminar con Jesús, a sentir que él escucha nuestra voz, a que somos amados por Dios y por eso nos dice: “Yo esperaba con ansia en el Señor, él se inclinó y escuchó mi grito”. Pues bien, el grito que hay desde nuestro corazón es escuchado por Dios y desde hoy nos unimos en el día del Señor, pero en la primera vigilia, en la esperanza gozosa con María Santísima, porque mañana lunes 15 celebraremos la Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María al cielo.
Cuando usted escuche hoy el Evangelio, cuando escuché la Palabra de Dios proclamada en su parroquia y también en cualquiera de los escenarios donde se celebra la Eucaristía, se va a sorprender porque el Señor Jesús en el capítulo 12 de san Lucas, versículo 49 nos dice: “¡Yo he venido a traer fuego a este mundo y cuánto desearía que estuviera ardiendo!”; Y alguien se puede asustar, está hablando de un fuego destructor, no, está hablando de un fuego salvador, del fuego de la misión del Hijo de Dios, del Dios con nosotros, del fuego de su amor que nos manifiesta el amor del Padre y que se prolonga en la acción del Espíritu Santo que es la fuente del amor que nos une a todos, incluso a los que pensamos de manera diversa.
Por eso es importante, que usted lea este pasaje de la Sagrada Escritura pensando en la misión global de Jesús, él trajo el fuego del amor, el fuego del reino de Dios, el fuego misionero que nos lleva a anunciar en todos los lugares ese amor bendito, ese amor salvador, ese amor que nos llena de esperanza, ese amor que nos renueva a todos, que nos hace ponernos en camino hacia la casa del Padre, y además, Él anuncia que va a tener que beber un cáliz, que va a tener que sufrir y que eso le produce angustia. Está hablando de manera consciente de la cruz… de la cruz que tiene que asumir el Señor Jesús.
Él fue consciente de que su misión incluía la cruz, el dolor, el sufrimiento, el rechazo, el abandono de parte de sus seguidores; nunca el abandono del Padre celestial y eso lo fortalecía, la certeza del amor del Padre en su vida.
Por eso, nosotros estamos llamados a tres cosas: a la luz del testimonio de Jesús, de su palabra y de su fuego de amor que quiere arder en nuestro corazón y en el corazón de su familia.
Primero, estamos llamados a dar testimonio como Jesús; segundo, estamos llamados a la autenticidad, es decir, a ser sinceros, a no aparentar lo que no somos, a ser lo que somos y eso es autenticidad, eso también es fuego de amor, es fuego de verdad, es fuego de transparencia, y de misión, y tercero, estamos llamados nosotros, incluso, a dar testimonio contracorriente y entonces necesitamos la valentía de todos los profetas del Antiguo Testamento y de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, que con valentía dan testimonio de la presencia del Evangelio en su vida.
Pero, el mayor testimonio de valentía es Cristo Jesús y el amor de la Virgen María; Recuérdenla a Ella ahí, junto a la cruz de Jesús, a Ella acompañando el testimonio de su hijo en la cruz.
Que Ella nos acompañe y nos de fuerza para testimoniarlo con alegría en nuestra vida.
Que el Señor nos bendiga y acompañe en esta semana.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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