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Dios les da el pan a sus amigos mientras duermen

por Pbro. Tomás Trigo
Dios Te quiere

Escuchar aquí el episodio: Dios les da el pan a sus amigos mientras duermen

Hay cristianos muy responsables, muy serios, muy cumplidores, muy sensatos. Piensan que todo depende de su esfuerzo, de su trabajo, de su sacrificio. Cuando evangelizan a otros, creen que los resultados y los frutos dependen de la cantidad de gestiones “evangelizadoras” que realizan. (https://www.ebsta.com/)  

Estas personas se agobian y se queman a fuerza de ser muy responsables, de creerse protagonistas de la salvación del mundo. A ellas y a mí nos conviene meditar el salmo 126, en el que parece que el salmista se ríe un poco de los hiper-responsables que madrugan y velan incansablemente hasta muy tarde, mientras el Señor da el pan a sus amigos mientras duermen:

«Si el Señor no edifica la casa, 

en vano se afanan los constructores. 

Si el Señor no guarda la ciudad, 

en vano vigilan los centinelas.

En vano madrugáis,

y os vais tarde a descansar 

los que coméis el pan de fatigas;

porque Él se lo da a sus amigos mientras duermen» (Sal 127).

No sirve de nada que os esforcéis tanto, que trabajéis hasta altas horas de la madrugada, que habléis con cientos de personas. El pan que coméis con tantos sudores es raquítico, seco, reseso, como dirían en mi tierra. Dios da a sus amigos un pan fresco y esponjoso mientras duermen. Sí, cuando despiertan, se encuentran en su mesa el pan de balde, gratis, regalado. 

Eres Tú, Señor, el que lleva sobre sus hombros el peso del mundo, quien salva y redime al hombre, quien construye la casa y guarda la ciudad.

Nosotros solo somos tus colaboradores, porque nos has concedido ese privilegio. Es maravilloso que nos pidas a nosotros, tus criaturas, que te echemos una mano en un plan tan grande. Ayúdanos a no confundir nuestro papel con el tuyo, que es precisamente lo que hacemos cuando trabajamos, rezamos y nos mortificamos como si todo dependiera de nosotros; cuando evangelizamos como si los frutos nacieran de nuestra capacidad de convencer. Ese modo de pensar termina en el fracaso, en la esterilidad y en el vacío. 

Danos confianza en Ti, en tu poder y sabiduría. Ayúdanos a trabajar y a extender tu palabra con el convencimiento de que eres Tú el que da el crecimiento con tu gracia, y así podremos dormir tranquilos, esperando ver, al despertar, los hermosos frutos que Tú has hecho nacer en las almas.

Otras publicaciones de Tomás Trigo

Para comprar el libro: Dios te quiere y tú no lo sabes


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