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“Me levantaré, me pondré en camino, iré adonde está mi padre”

por Mons. Luis José Rueda Aparicio
El hijo pródigo_FB

Volver a la casa del Padre

Evangelio según san Lucas 15, 1-32

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: “·Ese acoge a los pecadores y come con ellos”. Jesús les dijo esta parábola:

«¿Quién de ustedes que tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos, y les dice:

“¡Alégrense conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido”.

Les digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.

O ¿qué mujer que tiene diez monedas, si se le pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas y les dice:

“¡Alégrense conmigo!, he encontrado la moneda que se me había perdido”. Les digo que la misma alegría tendrán los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta». También les dijo:

Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”.

El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.

Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.

Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada. Recapacitando entonces, se dijo:

“Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”.

Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.

Su hijo le dijo:

“Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”.

Pero el padre dijo a sus criados: “Saquen enseguida la mejor túnica y vístansela; pónganle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traigan el ternero cebado y sacrifíquenlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”.

Y empezaron a celebrar el banquete.

Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Este le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”.

Él se indignó y no quería entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo.

Entonces el respondió a su padre:

“Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”. El padre le dijo:

“Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”.

Palabra del Señor

Transcripción de La Voz del Pastor del 11 de septiembre de 2022

En este domingo, la Palabra de Dios nos muestra un mensaje poderoso, el poderoso mensaje de la misericordia de Dios que nos espera a todos, y como dice el hijo que se fue de la casa: “Me levantaré, me pondré en camino, iré adonde está mi padre”.

Acabamos de escuchar la Palabra del Señor, que nos anima a la conversión, a la vida nueva.

Tres parábolas: una ovejita, una moneda y el hijo menor de un padre que lo está esperando.

Es el Dios que sale a buscar como el pastor a su oveja, es el Dios que sale a buscar como la mujer a su moneda, es el Dios Padre que nos está esperando, que respeta nuestra libertad, pero… tomemos tres elementos para que los tengamos hoy en nuestro corazón, y durante esta semana:

Primero: nosotros somos libres para irnos de la casa, pero somos libres también, para tomar una decisión y retornar a la casa como hizo este joven, y eso se llama conversión, cambiar la ruta y volver a la casa del Padre.

Segundo: El Padre misericordioso que respeta nuestra libertad, nos acoge con alegría, es el gozo, es la fiesta del reencuentro con el Señor.

Tercero: La Iglesia nos ofrece permanente a nosotros el gozo de la reconciliación a través del sacramento de la confesión.

Qué bueno que nosotros volvamos al camino del Señor, qué bueno que recibamos el abrazo misericordioso de Dios Padre y que seamos capaces de ser misericordiosos como el Padre.

Que el Señor nos bendiga en esta semana.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


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