“Señor, aumenta nuestra fe”
Evangelio según san Lucas 17, 5-10
En aquel tiempo, los apóstoles le dijeron al Señor: «Auméntanos la fe».
El Señor dijo: «Si tuvieran fe como un granito de mostaza, dirían a esa morera:
«Arráncate de raíz y plántate en el mar», y les obedecería. ¿Quién de ustedes, si tiene un criado labrando o pastoreando, le dice cuando vuelve del campo:
«Enseguida, ven y ponte a la mesa»?
¿No le dirán más bien: «Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú»? ¿Acaso tienen que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo ustedes: cuando hayan hecho todo lo que se les ha mandado, digan:
«Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer».
Palabra del Señor
Transcripción de La Voz del Pastor del 2 de octubre de 2022
Este es el primer domingo del mes de octubre. Estamos comenzando este mes misionero y estamos pidiéndole al Señor que nos de la capacidad de compartir la fe que hemos recibido como un don con aquellos que no lo conocen, que no lo aman, que no lo sirven todavía, porque hace falta quien les anuncie la presencia salvadora del Señor.
El capítulo 17 de San Lucas, que acabamos de escuchar, nos muestra al Señor Jesús con sus apóstoles y ellos le piden algo, algo que deberíamos pedir nosotros todos los días al Señor: “Señor, aumenta nuestra fe”, y ¿Por qué ellos le piden al Señor que aumente la fe? porque están necesitados de entender las realidades como las entiende el Señor Jesús.
Ellos están al lado del Maestro y saben que Él es la fuente de la fe. La fe no viene de otra parte. Viene de la persona de Jesucristo, el Señor. Cada vez que nos entramos en Él, nosotros aumentamos, crecemos en nuestra fe, alguien que pretenda progresar en la fe, pero distanciándose de la persona del Señor Jesús, se está equivocando de camino. (fisheries.org)
Él es la fuente de la fe y por eso es un depósito que recibimos en nuestra existencia, pero es un depósito, no de unas verdades, sino de unas actitudes, de una manera de ser, de las palabras de Jesús, del anuncio del reino que Él hizo en su misión, de la cercanía a los pobres, de la ternura con todos, incluyendo a los pecadores.
Debemos nosotros reavivar ese don, pedir el don de la fe, suplicarlo permanentemente para convertirlo luego en tarea y en misión, porque estamos en el mes de las misiones y alguien que vive agradecido de su fe, es alguien que es capaz de compartir su fe a otro. En Asia, hay miles de millones de hombres y mujeres que no han escuchado hablar de Jesucristo.
Pero, no vayamos tan lejos. Puede ser que alguien de su familia no conoce profundamente a Jesucristo. Hablar de la fe y hablar de las misiones es hablar de un don que recibimos. Pero, un don que debemos compartirlo, no debemos enterrarlo, no debemos ocultarlo, debemos llevarlo a lo demás, con el testimonio de vida, especialmente no para imponerles nuestras verdades, no para imponerles nuestra forma de creer, sino, para compartir con ellos e invitarlos a un camino para que encuentren la persona adorable de Jesús y para que ellos crezcan también en la fe y puedan entender su propia vida y el camino de Dios al lado de cada ser humano.
Que el Señor escuche nuestra plegaria y que aumente la fe en todos los miembros de nuestra familia y de la humanidad entera.
Que el Señor nos bendiga y acompañe.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
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