“Jesús va a nuestra casa; visita nuestra vida”
Evangelio según San Lucas 19, 1-10
En aquel tiempo, Jesús entró en Jericó e iba atravesando la ciudad.
En esto, un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de ver quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura. Corriendo más adelante, se subió a un sicomoro para verlo, porque tenía que pasar por allí.
Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y le dijo: -Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa». Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento.
Al ver esto, todos murmuraban diciendo: -Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.
Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor:
-Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más. Jesús le dijo: -Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.
Palabra del Señor
Transcripción de La Voz del Pastor del 30 de octubre de 2022
“El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en misericordia y en bondad, nos trata con ternura”. Y ese es el mensaje misionero, en este domingo.
Hoy ha sido la salvación de esta casa. Escuchamos que dice Jesús en el capítulo 19 de san Lucas: hoy ha sido la salvación de esta casa. Hoy llegó Jesús a la casa de Zaqueo. Hoy llega Jesús a su casa, a su familia, a su corazón, llega a la humanidad. El pasaje del capítulo de san Lucas es maravilloso.
San Lucas nos presenta la ternura de la misericordia hecha realidad allí en Jesús de Nazaret, en una ciudad llamada Jericó. Un hombre pequeño llamado Zaqueo, pequeño no solamente de estatura, sino pequeño en su conocimiento de Dios. Pequeño porque no había sentido plenamente el amor de Dios, porque no se había encontrado con Jesús. Se sube a un árbol. Es Zaqueo que quiere ver a Jesús, que quiere verlo pasar por su ciudad.
Pero Jesús pasa por su vida. Jesús pasa por su corazón. Jesús pasa por su historia. Salvándolo. Había podido pasar de largo Jesús e ignorar a este pequeño hombre que estaba subido en un árbol. Pero él lo mira y a Ud. también y a mí nos ha mirado una y otra vez y va a nuestra casa.
Baja, Zaqueo. Hoy tengo que hospedar en tu casa. Y puede ser que muchos critiquen cuando una mujer o un hombre lleno de pecado transforman su vida en el encuentro misionero con Cristo.
Puede ser que algunos critiquen a Jesús y que critiquen y se burlen y no crean en la transformación y en la conversión del pecador. Pero quienes hemos sido perdonados en algún momento, quienes hemos sido visitados por la misericordia de Dios en Jesús de Nazaret, sabemos que es una realidad misionera y constante, y además es una realidad salvadora en la vida de cada uno de nosotros.
Ha llegado la salvación a la casa de Zaqueo. Nadie quería ser amigo de Zaqueo y Jesús lo transforma con su mirada y entrando en su casa, que el Señor entre en nuestra casa, nos mire y nos transforme como a Zaqueo.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
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