La cristiandad del siglo XXI vive una etapa histórica caracterizada por un contraste desconcertante: nunca hemos tenido tanto acceso a la formación y a la información como la actual.
Sin embargo, ¿en qué época ha habido una ignorancia religiosa tan profunda y extendida? No hay duda de que el gran avance de la escolarización de poblaciones enteras ha sido un fenómeno positivo para la humanidad; pero ese progreso no ha estado acompañado por una formación religiosa al mismo nivel. Se entiende que el secularismo, presentándose como aliado de la ilustración, haya arrasado como una apisonadora países enteros que hasta hace poco eran conocidos por su profunda cultura cristiana.
Algo tiene que cambiar en la pastoral católica para hacer frente a este fenómeno de magnitudes globales. El Directorio para la Catequesis insiste en la catequesis permanente: es preciso mentalizar a los católicos de que su formación cristiana se debe cultivar de forma sistematizada, con un nivel que corresponda, sin complejos, al que han adquirido en su vida profesional y social.
Ante este reto se levanta la barrera de una realidad innegable: las estructuras pastorales, diocesanas y parroquiales, no cuentan con recursos para hacerlo posible. Ni siquiera los hay para conseguir que todos los catequistas tengan la preparación deseable.
¿Qué revolución educativa (catequética) se debería poner en marcha para conservar y acrecentar la fe de esta generación y de las venideras? Llevo más de veinte años dedicándome a desarrollos de eLearning. A mi modo de ver, la catequesis católica necesita una alianza con las nuevas tecnologías para poder “ofrecerse” y “llegar” a todos los fieles que lo deseen. Y, lo digo también con todo mi respeto, los obispos y sacerdotes harían bien en adquirir una nueva sensibilidad, cambiar sus paradigmas mentales y asumir los avances de la pedagogía moderna.
Las razones son, entre otras:
- Porque, si los contenidos se elaboran bien, la formación impartida parcialmente con el sistema de eLearning incorporará recursos audiovisuales e interactivos, que son rasgo definitorio del lenguaje moderno. No se puede evangelizar con un lenguaje ajeno a la cultura del tiempo en que vivimos.
- Porque la prioridad que ha adquirido la catequesis de adultos -el Directorio lo reitera y la constituye en modelo de todo tipo de catequesis- reclama acciones formativas asumibles por personas con agendas apretadas y un ritmo de vida acelerado. Las reuniones presenciales son necesarias -el trato inmediato, la amistad, el ejemplo, etc.-, pero no es realista programar toda la formación en modo presencial.
- Porque la solución no puede consistir en renunciar a la formación, sino en proporcionarla de un modo que resulte escalable y permita llegar a todos los fieles que lo deseen. La tecnología hace posible optimizar recursos y llegar más lejos, también en zonas desfavorecidas. Es la razón por la que la formación permanente del ámbito profesional acude a ella.
- Porque para progresar en la fe también se requiere una formación sistematizada. Existen multitud de iniciativas que son fantásticas para proclamar el primer anuncio y llamar a la conversión. ¿Y a partir de ahí? Hay que estar preparados para ofrecer formación continua, con diversos niveles y ritmos. (https://maxnovahealthcare.com/) Las limitaciones de la enseñanza tradicional para cubrir esta necesidad son evidentes: faltan catequistas preparados y cualificados. La misma formación de los catequistas es pobre. Unos contenidos digitales bien elaborados pueden prestar un gran servicio para cubrir el vacío actual.
- Los padres y madres de familia -primeros catequistas de sus hijos- se enfrentan a retos para los que no han sido preparados. Unas pocas charlas al año, en la parroquia o en el colegio, son insuficientes para cubrir su déficit de formación como cristianos y como padres. No basta con apelar a su responsabilidad: hay que proporcionales los recursos para que sepan cómo hacerlo. Las soluciones de formación online permiten estructurar medidas también de carácter presencial:ambos modelos formativos se reclaman mutuamente.
No es mi intención hacer una enumeración exhaustiva: bastan estos puntos como ejemplo. No hablo solo de ideas, sino de realidades que ya están en marcha y que es posible aprovechar: desde el proyecto #BeCaT trabajamos para ofrecer ayuda a diócesis, parroquias y colegios con ideario católico con acciones formativas dirigidas a catequistas, profesores, padres y madres de familia, y de modo que encaje y se adapte a sus necesidades. Sugiero al lector que eche un vistazo a la página becat.online para valorar las ventajas asociadas a este tipo de colaboración.
Pienso que deberíamos aprovechar cualquier oportunidad para incidir en la urgencia de hacer frente a la ignorancia, aliada del padre de la mentira, con la formación. Sin ella no se entiende la Revelación, ni el tesoro de la Tradición, ni el legado de la fe de nuestros padres, ni es posible entrar en diálogo con el mundo actual, ni se puede pedir a los cristianos que asuman el papel que nos corresponde desempeñar.
Es preciso que los pastores también lo vean así.

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