Aquí estoy, Señor, frente a Ti en adoración al Santísimo. Quiero contemplarte, Jesús Sacramentado, contemplar tu presencia, gozar y alegrarme de compartir un rato contigo.
Sé que me quieres escuchar, que puedo tener contigo un diálogo espiritual. Por eso te pido, Señor, que me ayudes a aquietar mi mente, silenciar mi imaginación… Dicen que el silencio es el portero de la intimidad y quiero encontrarme contigo en mi interior, en mi corazón.
Sé que Tú me amas y estás en el Sagrario, realmente presente en Cuerpo y Alma, por Amor a mí y a todos nosotros. Tú nos enseñas que el Amor es el único camino para la verdadera felicidad, que tanto queremos vivir. Te pido Señor, que me enseñes a amar más.
Quiero seguir el ejemplo de la Virgen María para escuchar tu voz y hacerte caso. Quiero pedirle a tu Madre que me enseñe esa actitud de guardar y meditar tus palabras en el corazón, aunque algunas veces no entienda lo que me dices o lo que está sucediendo. Dame, Señor, paciencia y docilidad como tuvo la Santísima Virgen.
Quiero, hoy, a tus pies rezar el Rosario, puesto que es María, tu Madre y la mía, quién mejor nos puede llevar a tu encuentro, Señor Jesús. Quiero rezarle a María para que me ayude a acercarme a Ti, Jesucristo.
Amén
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