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«Ser misionero es ser un hombre o una mujer que se ha encontrado con Cristo»

por Mons. Luis José Rueda Aparicio
Misionero-cathopic

“Dios, se deja encontrar en Cristo Jesús, en lo sencillo”

Evangelio según San Lucas 17, 11-19

Una vez, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían:

“Jesús, maestro, ten compasión de nosotros”. Al verlos, les dijo:

«Vayan a presentarse a los sacerdotes». Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios.

Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias.

Este era un samaritano.

Jesús, tomó la palabra y dijo: “¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?».

Y le dijo:

«Levántate, vete; tu fe te ha salvado».

Palabra del Señor

Transcripción de La Voz del Pastor del 9 de octubre de 2022

“Aclama al Señor, tierra entera, sirvan al Señor con alegría, que todos los confines de la tierra escuchen la voz del Señor”. Estamos en el mes misionero, mes de octubre y mes el Santo Rosario. Escuchemos la palabra de Dios.

Hemos escuchado la Palabra de Dios, capítulo 17 de san Lucas y hemos contemplado un encuentro sanador, un encuentro renovador y transformador. Estos leprosos encontraron al Hijo de Dios, al Verbo Encarnado, al que es el camino, la verdad y la vida. Encontraron a Jesús de Nazaret. Si usted y yo encontramos a Jesús de Nazaret, nos pasa lo que les pasó a estos 10 leprosos, se renueva su vida, se transforma.

Y la primera lectura que escuchamos en este domingo, nos habla de un hombre exitoso que era un gran militar sirio, pero tenía una gran dificultad, una herida en su cuerpo, tenía una enfermedad que en ese momento era vista como una impureza. Tenía la lepra, a muchos de nosotros nos puede pasar lo de Naamán, el sirio, que tenemos éxito en la vida, pero que tenemos heridas del pecado.

Sólo el encuentro con Cristo nos puede sanar y en la primera lectura vimos que era muy fácil lo que necesitaba hacer. Era bañarse 7 veces en el río Jordán, como se lo mando el profeta. A veces nosotros queremos encontrar signos espectaculares y Dios obra, Dios se deja encontrar en Cristo Jesús, en lo sencillo y renueva nuestra vida, y cuando nos renueva debemos ser comunicadores, testimonio de ese don que hemos recibido, de esa alegría del encuentro con Jesucristo, ser misionero es ser un hombre o una mujer que se ha encontrado con Cristo, y que ya no puede callar, que no puede ocultar ese gozo y esa alegría que produce para su vida el encuentro con Jesús.

Que el Señor nos haga a todos discípulos, misioneros y que renueven nuestra vida

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


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