Estamos delante Tuyo, Espíritu de Amor. Estás frente a nosotros, en tu Cuerpo y tu Sangre en los que te quisiste quedar porque nos amas y te entregaste por nosotros.
A las puertas de la fiesta de la Epifanía, de tu manifestación como Señor de todas las naciones, recordamos a los tres sabios de Oriente, que salieron a buscarte, Jesús, Niño Dios, siguiendo la luz de la estrella. Y te encontraron, pero no donde ellos pensaban: no en el palacio real de Jerusalén, sino en una humilde morada en Belén.
El papa Francisco nos invita a imitar a los Reyes Magos, que entran en la casa; no se ponen en el centro, sino que se inclinan ante Ti, que eres el centro; no se fijan en sus propios planes, sino que están dispuestos a tomar otros caminos.
Queremos permanecer en tu presencia, en la humildad de la Eucaristía, queremos inclinarnos ante Ti, reconocer nuestra pobreza. Queremos alabarte y adorarte, detenernos ante Ti y dejarnos transformar por tu amor.
Bendito y alabado sea Jesús, presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Sea por siempre bendito y alabado Jesús Sacramentado.
Amén
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