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Discernimiento, porque algo bueno está por venir

por Editor mdc
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Hoy en día estamos constantemente saturados de información que proviene de la televisión, redes sociales, publicidades… En un mundo cada vez más conectado donde las noticias viajan al instante, nos encontramos a su vez más solitarios que nunca en muchos aspectos. Nuestra vida con frecuencia se complica -no es precisamente un lecho de rosas-, por momentos se presentan los pétalos y otras veces, las espinas que pinchan y duelen. Andamos a las corridas y, en medio de tanto ruido, no nos detenemos ni siquiera un minuto a mirar hacia nuestro interior. En ese marco, Dios nos susurra suavemente como una brisa de verano y nos cuesta escucharlo porque otras voces se superponen (1 Re 19,11-13).

Día a día, se nos presentan opciones para decidir cómo seguir adelante, a qué prestar atención, hacia dónde dirigir nuestras fuerzas. Teniendo en cuenta que no todo lo que se nos presenta como alternativa es bueno (1 Tes 5,19-22), estamos llamados a discernir la voluntad de Dios en nuestras vidas, qué espera de nosotros, hacia dónde nos quiere llevar como hijos amados (1 Cor 10,23).

¿Qué es el discernimiento? Discernir o cernir es filtrar una parte de la otra o separar a través de filtros que son nuestros criterios. Recordemos el pasaje bíblico del trigo y la cizaña, en el que lo primero alude a la buena semilla sembrada por Cristo y lo segundo, a todo lo que nos aleja de Él (Mt 13,24-30).

En la vida cristiana de una persona, el discernimiento es crucial. Elijo amistades, las personas que quiero cerca mío, una carrera, el matrimonio o la vida religiosa, entre tantas otras cosas. Las decisiones importantes de nuestras vidas suelen ser entre alternativas con consecuencias que no son tan obvias o claras (Prov 3,5). Entonces, ¿cómo hago para discernir? ¿Cómo sé que tomo la decisión correcta?

Primero debemos buscar respuestas en nuestro interior. Para ello es necesario conocernos (Sal 139), ir a nuestro corazón, ver nuestras virtudes y defectos, las responsabilidades que tenemos. Se trata de ser sinceros con nosotros mismos, analizar dónde estamos parados, cuál es la historia que nos trajo hasta acá y cuáles son nuestros proyectos (Job 42,3-5).

Mi mamá solía decirme “hay que pedirle al Espíritu Santo el discernimiento y el entendimiento para reconocer las diferencias”. Es cierto, se trata de un don que debemos pedir a Dios, rezar para que nos ayude a elegir bien. Para esto la vida sacramental y la oración son sumamente importantes (Hch 5,32).


En la catequesis sobre el discernimiento el Papa hace hincapié en cultivar nuestra amistad con Dios (Ap 3,20). En tal sentido, estar en gracia es fundamental a la hora de discernir -de todas formas, si caemos Él siempre nos espera en el sacramento de la confesión (Lc 15,11-32), donde derrama su misericordia y quema el pecado. Pensemos de esta manera: con aquellos a los que consideramos amigos cultivamos ese vínculo y lo cuidamos día a día como si fuera una planta a la que debemos regar, enderezar y abonar su tierra para que crezca y dé fruto (Jer 17,7-10). Exactamente igual con Dios, que es persona divina, al dialogar con Él es importante contarle lo que nos pasa pero también hacer silencio y escuchar lo que tiene para decirnos.

En nuestro proceso de discernimiento, cuando algo es bueno, simple, sencillo, claro, ilumina, construye, aclara, da paz, facilita, tranquiliza, proviene de Dios. Lo opuesto no proviene de Él (Ef 5,10).


Muchos santos nos hablan del discernimiento desde la fe. San Pablo en sus cartas y la Biblia en general refieren mucho a este tema. Santo Tomás y San Ignacio, entre otros, nos instruyen, nos ayudan a crecer en nuestra vida espiritual y estar atentos a los signos del Padre (1 Tes 3,12).


En cada elección interviene nuestro pensar y nuestro sentir, debemos tomar conciencia de aquello que pensamos y percibir lo que sentimos, interpretar lo que nos sucede. A veces nosotros mismos podemos ser nuestros peores enemigos y los jueces más duros, y eso tampoco es bueno. Aprendamos a descubrir dónde está lo que Dios quiere y tener una mirada más misericordiosa, más amable, más sencilla, más transparente (Lc 10,25-37).


Examinemos las situaciones con realismo pero también con esperanza. La paciencia no es fácil pero con el tiempo seguro llegaremos a buen puerto (Rom 12,1-2). Aún aquellas decisiones que parecen estar puramente enmarcada en la razón, debemos entregarlas al Señor para que nos oriente y así su Voluntad se cumpla en cada uno de nosotros (Lc 8,15).

¿Hacia dónde vamos? Esta vida es un peregrinar hacia Dios y todo lo que se nos presenta son medios para llegar a Él. No perdamos de vista que el objetivo es llegar al cielo donde nos espera Jesús con los brazos abiertos (Hch 3,6).

Algo bueno está por venir porque por medio del discernimiento puedo elegir a Dios en todo mi actuar (Sal 119,66). Puedo elegir el amor frente a la discordia, la templanza frente al enojo, el aliento al desaliento, la fraternidad a la pelea. Está en nosotros poner un granito de arena y Él se encargará del resto (1 Cor 13,4-10).

Algo bueno está por venir con el discernimiento porque elegimos dar nuestro Sí al confirmar el amor a Dios y al prójimo en la sencillez de cada día. Y qué mejor maestra que nuestra Madre del cielo en dar su Fiat a Dios, pidámosle a María, Madre del discernimiento, que nos guíe (Lc 1,26-40).

Para finalizar, les comparto el último fragmento de la catequesis del Papa Francisco en la Audiencia General del miércoles 21 de diciembre del 2022:

“El discernimiento tiene el objetivo de reconocer la salvación que el Señor ha obrado en mi vida, me recuerda que nunca estoy solo y que, si estoy luchando, es porque lo que está en juego es importante” (Fil 1,9-10).
Y nos invita a reflexionar sobre 3 elementos indispensables que ayudan en los momentos de discernimiento:
1) Confrontarse con la palabra de Dios. 2) Vivir una relación afectiva con Jesús y 3) El don del Espíritu Santo que habita en nosotros. “Su presencia vivificante nos guía y nos instruye, nos ilumina en los momentos de oscuridad y nos anima a seguir adelante sin miedo, sostenidos por su amor” (1 Cor 12,1-14).

Por eso, con el discernimiento algo bueno está por venir.

Autor: una voluntaria que hasta el cielo no quiere parar.


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1 comentario

MariaElena Goeta April 10, 2023 - 11:42 am

Maravilloso!!! Gracias 🙏💖

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