¡Cuán bueno siempre es estar en tu presencia amado Jesús! Aquí, en la Eucaristía está la prueba de que tú vives, Cristo.
Es tu cuerpo, es tu sangre lo que nos da vida, Señor y es delante de Ti que reconozco mi pequeñez, mi fragilidad, mi fuerza limitada; es por eso que acudo a Ti para que renueves todo en mí, desde mi fuerza física hasta mi fuerza espiritual.
Pongo delante de ti todas mis cargas, para que seas Tú quien me aliviane de todo aquello que me quita la paz de mi corazón.
Quizás, por mi realidad no he podido acercarme aún al Sacramento de la Reconciliación, pero desde lo profundo de mi corazón te digo:
Jesús mío, creo que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo por encima de todas las cosas y te deseo en mi alma. Ya que no puedo recibirte sacramentalmente ahora, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Y como ya has venido, te abrazo y me uno todo a ti.
Amén.
Discover more from Misioneros Digitales Católicos MDC
Subscribe to get the latest posts sent to your email.