¡Gracias, Señor, por el don de la Eucaristía y por aceptar la voluntad de Dios con tu entrega generosa que tiene en la Eucaristía su centro más profundo! ¡Gracias, porque por el pan y el vino consagrados te conviertes en Pan vivo y te haces presente de manera real con tu Cuerpo y con tu Sangre!
Señor, dame la gracia de encontrarme contigo cada día y que sepa valorar el pan que me alimenta para la vida eterna y que colma mi corazón con tu misericordia.
Vengo a adorarte y reconocerte como Señor de mi vida; pongo todo mi ser en tus manos, para que lo sanes, lo nutras y lo bendigas con la fuerza de tu amor.
¡Y a Ti, María, primer sagrario de la historia, mujer «eucarística», hazme amar la Eucaristía y enséñame a caminar unido a Cristo hacia el cielo prometido alimentados por el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo!
Amén
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