Cuarta y última entrega de esta serie de artículos dedicados a una de las facetas de este clásico personaje de la literatura universal, del cual el autor de este texto ya nos ha hablado en otras ocasiones.
De los consejos que le dio don Quijote a Sancho antes que se fuera a ser gobernador
Muchos de los consejos que le dio don Quijote a Sancho cuando iba a ser gobernador de la ínsula Barataria tienen que ver con la realización justa y efectiva del gobierno.
Le aconseja que sea imparcial a la hora de juzgar y que evite la ley del encaje (la arbitrariedad) y que no cargue con todo el rigor de la ley al delincuente porque “no es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo” (II, 42; 869). Además, que si tiene que juzgar a un enemigo que se concentre en la verdad del caso y no en su injuria. Finalmente, que al culpado que cayere bajo su jurisdicción: “muéstratele piadoso y clemente, porque aunque los atributos de Dios todos son iguales, más resplandece y campea a nuestro ver el de la misericordia que el de la justicia” (II, 42; 870).
También, en una carta, don Quijote le aconseja a Sancho que no haga muchos decretos, ya que “las pragmáticas [decretos] que no se guardan es lo mismo que si no lo fuesen” (II, 51; 941).
Sancho Panza tiene la oportunidad de poner en práctica muchos de los consejos anteriores y gobierna con sensatez, prudencia, sabiduría y justicia, tal que realiza algunos juicios salomónicos, que además de ser justos, demuestran ingenio y piedad.
Fracasos y éxitos de don Quijote
Casi en todas las aventuras en que como hombre de acción (caballero andante), don Quijote intenta realizar la justicia, fracasa. La causa de esto es siempre su falta de prudencia [11], ya que, por su obsesión con la caballería andante, distorsiona la realidad y es incapaz de establecer coherencia entre principios, medios y fines. Sin embargo, como consejero y predicador sabio, tiene éxito; así lo confirman los consejos a Sancho y la sensatez de éste a la hora de gobernar la ínsula Barataria. Además, viene al caso recordar aquí, que existe un consenso entre la mayoría de los personajes del Quijote, inclusive el narrador, sobre la valoración del tipo de locura del caballero, quien es solamente un loco entreverado, pues sólo lo es en lo que concierne al tema de la caballería andante, pero en todo lo demás, al hablar manifiesta inteligencia, profundidad y sabiduría (II, 43; 871)
Algo curioso
Un lector atento y perspicaz de la categoría de Joseph Ratzinger comprueba algo curioso, cómo en el transcurrir de la novela, Cervantes comienza a cobrar afecto al loco caballero y ante el contrate de éste con el falso Quijote del plagiador Avellaneda, advirtió plenamente que su loco es mucho más que un simple payaso y que tenía un alma noble, “que su locura de consagrar su vida a la protección de los débiles y la defensa de la verdad y la justicia tenía grandeza en sí” [12]. Por lo que, gracias al arte del escritor, el lector puede percibir que más allá de “las locuras insensatas” y los fracasos en la realización de la justicia, late el corazón puro de un hombre bueno. En opinión de Sancho, ese que: “no sabe hacer mal a nadie, sino bien a todos” (II, 13; 641), y como bien lo expresa el propio don Quijote: “Mis intenciones siempre las enderezo a buenos fines, que son de hacer bien a todos y mal a ninguno” (II, 32; 793).
Un caballero derrotado
En el Capítulo 64 de la segunda parte, el bachiller Sansón Carrasco (un amigo de don Quijote), disfrazado de Caballero de la Blanca Luna, desafió a don Quijote y lo venció en un combate en una playa de Barcelona. La condición de la derrota fue que el caballero tenía que regresar a su pueblo y pasar allí un año sin salir a ejercer la caballería andante.
Un hombre bueno vencido, vencedor de sí mismo, muere y alcanza eterno nombre y fama
Don Quijote regresó a su aldea, deprimido, abatido y derrotado. Una calentura lo tuvo seis días en la cama. Sus amigos, el cura, el barbero y Sancho Panza, llamaron al médico, el cual lo encontró tan mal que creyó que era bueno atender a la salud del alma del enfermo porque se podía morir. Luego de dormir unas seis horas, despertó con su juicio recuperado y atribuyendo su cura a la misericordia sin límites de Dios, la que no puede ser ni abreviada ni impedida por los pecados de los hombres. De manera que les comenta a todos los presentes (ama. sobrina, cura, barbero y Sancho Panza): “Yo fui loco y ya soy cuerdo; fui don Quijote de la Mancha y soy ahora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno” (II, 74; 1103). El narrador insiste que siempre fue una persona buena, tanto cuando era don Quijote como ahora que es nuevamente Alonso Quijano. Antes de morir abominó de los libros de caballerías, hizo su testamento, se confesó y murió, vencido, pero cuerdo y vencedor de sí mismo. Lo importante es que muere un hombre bueno, “un hombre que se volvió loco y se entregó con toda el alma a hacer el bien a los demás. Los medios (resucitar la caballería andante) estaban equivocados, y de ellos reniega. Pero a la esencia de su entrega, a su bondad, no puede renunciar. Hacer el bien no puede morir” [13].
En conclusión, a pesar de sus fracasos en la búsqueda de la justicia (debidos a su locura, a sus defectos y pecados), el gran triunfo de don Quijote/Alonso Quijano, es haber muerto vencedor de sí mismo y ganando eterno nombre y fama como protagonista de la más famosa e influyente novela española de todos los tiempos, para enseñarnos y deleitarnos con el lenguaje y admirarnos y suspendernos con la invención, en una mezcla sublime de entretenimiento y filosofía moral, de veras y de burlas; una metáfora de la búsqueda humana del bien y la justicia, camino desde el que se vislumbra, entre luces y sombras, el fundamento de todo bien y de toda verdad: Dios.
[1] Ángel Pérez Martínez. El Quijote y su idea de virtud. Madrid: CSIC, 2012. 143-146.
Suma Teológica. [II-II q. 58 a.11]
[3] Ángel Pérez Martínez, p.138.
[4] Miguel de Cervantes. Don Quijote de la Mancha. Ed. Francisco Rico.
Madrid: Alfaguara, 2005. 30-31. Todas las citas provienen de esta edición, la letra negrita siempre es mía.
[5] Suma Teológica. [II-II q. 47 a.2]
[6] Las virtudes fundamentales. Madrid: Rialp, 2022. p.43.
[7] Luis Rosales conecta esta muerte con el tradicional “morir de amores” de la lírica cortesana: “El estudiante se nos muere […], porque la obligación de un fino y derretido amante es morir de amor”. En Cervantes y la libertad, Obras completas, vol. II. Madrid: Trotta, 1996. pp. 498-99.
[8] Ángel Pérez Martínez, p.161.
[9] Ibid, p.161.
[10] Aproximación al Quijote. Barcelona: Teide, 1970. p.87.
[11] “La prudencia es la virtud más necesaria para la vida humana. Vivir bien, en efecto, consiste en obrar bien. (Online Pharmacy) Mas, para obrar bien, no sólo se requiere la obra que se hace, sino también el modo de hacerla, es decir: es necesario obrar conforme a una elección recta y no meramente por impulso o pasión”. Santo Tomás de Aquino. Suma Teológica [I-II q.57 a.5]. Citado por Ángel Martínez Pérez, p.57.
[12] Teoría de los principios teológicos. Barcelona: Herder, 1985. p.471.
[13] Jaime Fernández. Invitación al Quijote. Madrid: Lunwerg editores, 2004.p.22.
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