Tú siempre me estás esperando, Señor. Pero muchas veces yo he pasado de largo, no he hecho un alto, un rato de silencio para estar contigo. Tú me esperas, pero yo me alejo perdiéndome entre mis ocupaciones y preocupaciones; pero con mi soledad y el peso de mi cruz. Tengo el alma débil, Señor… ¡te olvido y ofendo tantas veces!
Ahora que estoy frente a Ti, Jesús, escucho tu voz: «No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos». Tú hablabas de mí, pensabas en mí, en los que te olvidamos, en los que Tú quisiste y quieres curar como el médico a los enfermos. ¡Qué gran amor el tuyo, Señor!
Vuelvo a escucharte, Jesucristo: “Yo estoy aquí para curarte, para darte la paz de mi amor a ti y a todos los que se sienten hoy como tú. Mira, la cruz; fue por ti, fue porque te amo. Aquí estoy, esperándote siempre en el Santísimo Sacramento del Altar.”
¡Qué bueno que hoy me senté junto a Ti, para hacerte compañía buscando tu ayuda y tu sanación! ¡Qué bueno que siento el calor de tu perdón y tu consuelo!
¡Gracias Señor!
Discover more from Misioneros Digitales Católicos MDC
Subscribe to get the latest posts sent to your email.