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El Opus Dei después de los “Motu Propios” …y siempre

por Editor mdc
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Han sido muy comentados los dos Motu Propio sacados por el papa Francisco sobre las Prelaturas Personales

En estos días agitados en los que todos parecemos griegos, que según Lucas “todos los atenienses y los forasteros que vivían allí no pasaban el tiempo en otra cosa que en decir o en oír la última novedad” (Hechos 17:20), no está de más aguantar los caballos y darse un tiempito para pensar un poco. 

Han sido muy comentados los dos Motu Propio sacados por el papa Francisco sobre las Prelaturas Personales, encuadrados en un marco más amplio de remodelación de la estructura de la curia. Como en estos momentos solo hay una prelatura personal, de alguna forma es cierto que el primer afectado de forma directa es el Opus Dei. Me atrevo a afirmar que en la mente del legislador, los cambios introducidos buscan dos cosas: preparar esa figura jurídica para que mejor quepan en ella otras realidades de la Iglesia presentes o futuras, y eliminar algunos puntos de inquietud que esa figura de jerarquía personal pudiera estar suscitando en algunos obispos diocesanos, cuyo gobierno esta basado en el territorio.

Junto con los profetas apocalípticos de desgracias, que pretenden conocer de primera mano las ultimas y nefastas intenciones que se esconderían detrás de estos cambios, en la plaza publica digital también han aparecido otras voces mas serenas y bienintencionadas que simplemente intentan entender y describir cómo ha quedado el tablero de juego y cómo eso afecta al Opus Dei, única prelatura personal hoy.

Leyendo sobre todo estas últimas he percibido que gente con sincero cariño por la Obra y sus apostolados no aciertan a explicar correctamente algunos puntos que a mi me parecen mucho mas importantes que la configuración jurídica concreta en un momento dado. Desde los primeros años el fundador se dio cuenta de que vinos nuevos requerían odres nuevos, o dicho con sus palabras, “no había caminos abiertos: había que abrirlos a golpe de nuestras pisadas”. La Obra ha sido sucesivamente “nada” (1928), Pia Unión (1941), Asociación inter-diocesana de sacerdotes y laicos (1943), Instituto Secular (1948) y Prelatura Personal (1982). Sólo Dios sabe si seguirá así o eventualmente volverá a tomar otro ropaje jurídico. Desde el punto de vista del funcionamiento interno hay una continuidad llamativa desde los primeros tiempos. Yo no soy canonista pero llevo varias décadas como miembro de la Obra y desde ese punto de vista es que me permito estos comentarios.

Otros pueden destacar otros aspectos. Yo me permito resaltar algunos a vuelapluma. 

Primero, las personas casadas. Los supernumerarios/as son absolutamente parte integrante de la Obra. Esa es quizás la mayor novedad en la Iglesia del siglo pasado. En los comentarios que he leído se les deja aparte como si en la mente del que escribe fueran un añadido, una periferia, un “afterthought” de relleno en la Obra, muy posiblemente influenciado por la tradición de siglos con las “órdenes terceras” anexas a las órdenes religiosas. Teológicamente, la Obra no se enmarca en una evolución de las órdenes religiosas, sino en una mayor toma de conciencia del laicado y su dignidad de bautizados. Cuando San Josemaría hablaba de los supernumerarios, señalaba que tienen “plena dedicación” a la Obra, con “disponibilidad parcial”. ¿Como se entiende esto? La dedicación al fin y misión de la Obra es total: santificar el mundo desde dentro y propagar la llamada universal a la santidad. A la vez, tienen parcial disponibilidad de tiempo para colaborar en las tareas de formación organizadas por la Obra.

Otro concepto clave y quizás unido al anterior: la gente de la Obra no se santifica dedicando generosamente su “tiempo libre” a Dios. Se santifica buscando a Dios en su trabajo profesional y su vida ordinaria 24/7. Una vez más, es la visión piadosa de que uno se santifica rezando o dedicando tiempo a devociones ó a tareas sociales organizadas por la Iglesia. De ahí que estos “amigos” de la Obra suelen alabar a los sacerdotes por su buena doctrina y estar siempre dispuestos a oír confesiones. Esta bien, pero la Obra es fundamentalmente secular. Los sacerdotes se ordenan -porque son necesarios- a petición del Prelado para servir sacramentalmente a sus hermanos y a todos. No son una especie de “vocación tardía”.

El que se resalte ahora en el Motu Propio que los fieles de la Obra pertenecen a su parroquia de domicilio no cambia lo que ya se vivía. San Josemaría siempre quiso que fuera así. Decía gráficamente: “no somos como los demás: somos los demás.” Por eso mismo, no cambia nada en la relación con la parroquia o con el obispo. ¿Que le puede mandar un obispo o un párroco a un fiel de la Obra en su parroquia o diócesis? Lo mismo que antes y lo mismo que le puede mandar a otro católico del mismo territorio: muy poco. Le puede pedir -lo mismo que a cualquier otro- que le eche una mano para alguna tarea, y este, después de considerar los pros y contras, su disponibilidad de tiempo según sus obligaciones familiares y profesionales, y preparación, responderá libre y responsablemente si o no. 

Volviendo a los curas, igual: están “incardinados” en la Obra, es decir, se han ordenado para que el prelado de la Obra les asigne las tareas pastorales. Éstas por tanto están circunscritas a las necesidades de los miembros de la Obra y la gente que se acerca a sus apostolados. Si, con el espíritu de sacrificio que les caracteriza, ven que pueden echar una mano en la parroquia, lo harán, con el visto bueno del vicario regional y el director del centro. A veces la Obra se hará cargo de una parroquia entera, por un acuerdo con la diócesis. En este caso, el prelado -o vicario regional- propone el candidato y el obispo le nombra párroco y le asigna las tareas pastorales de la parroquia, que llevará a cabo según los parámetros establecidos por el obispo y según el espíritu del Opus Dei.

Los numerarios no son una raza aparte. Desde el punto de vista de la diócesis, son parroquianos corrientes, aunque al vivir un cura en su centro y tener oratorio propio, y no necesitar casamientos ni bautizos, habitualmente no necesitarán acudir a la parroquia salvo excepciones. Son profesionales que se dedican a su propio trabajo en una empresa de la zona, viven en una casa pagada por ellos y como católicos conscientes, animan a otras gentes a acudir a los sacramentos a sus parroquias respectivas. Por esto mismo, tampoco “roban” fieles a las parroquias, pues no compiten con ellas. Ni el obispo ni el párroco tienen ninguna prerrogativa sobre ellos mayor que la que tienen con cualquier otro vecino. 

Un punto nuclear de la Obra es el amor a la libertad personal.

A veces se quiere ver a la Obra como un grupo organizado que sigue consignas y objetivos colectivos. Le gustaba mucho a san Josemaria el “¡patos al agua!” y el “cada palo que aguante su vela”. La finalidad fundamental de la Obra es dar formación y acompañar al avance personal con la dirección espiritual. A partir de ahí, cada uno con los dones que Dios le ha dado, que busque “qué más puedo hacer” y ¡mar adentro! Libérrimamente, no necesariamente aportando las mismas soluciones que otro que asiste al mismo grupo de formación. Estamos de acuerdo en no estar de acuerdo. En los temas temporales, los límites son los que fija la Iglesia, no la Obra. 

Aunque se habla poco de ello, el instrumento jurídico fundamental para que la Obra sea como la quiere Dios y como la vio san Josemaria son los estatutos propios. Las “prelaturas personales” son un “cesto jurídico” en el que caben varias realidades, cada una con sus particularidades que quedan reflejadas en los propios estatutos. Los que ahora se están redactando son los que van a cuidar de que no se desfigure el espíritu originario tendrán que recoger los puntos de los citados motu propios y también tener en cuenta el encaje dentro de la reforma completa de la curia llevada a cabo por el papa Francisco hace un año. Y ahi, yo estoy confiado en que por una parte, san Josemaría dejó claro “no escrito sino esculpido” el espíritu de la Obra, y por otra que la Obra tiene excelentes canonistas.

Para finalizar, el que el Prelado de la Obra haya respondido a los decretos manifestando su “obediencia filial” al Santo Padre no es por una hipócrita falsa obediencia externa, ni por un “postureo” de cara a las cámaras, sino por el convencimiento con el que sigue la doctrina del fundador de que “de Roma no nos puede venir nada malo” o que “sin el Papa no somos nadie” -seriamos protestantes, ¿cierto?- o que “la Obra está para servir a la Iglesia”. Cierto que no la podría servir si se aplastara su carisma, pero eso no va a pasar: puede haber algunas dificultades de tanto en cuando debido a la novedad, pero se solucionarán en su momento. A Mgr. Ocáriz le gusta repetir una frase -una jaculatoria- que san Josemaria decía en latin y que es como un programa de vida: “Todos con Pedro a Jesús por María”

Autor: Bart Mariner

Fotografía: El Papa con el Prelado del Opus Dei, Monseñor Fernando Ocáriz, tomada de Vaticannews.va


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