Según el obispo Robert Barron, en un artículo publicado el 22 de mayo del 2022 [1], la causa principal de que muchos jóvenes se alejen de la Iglesia es el mito del supuesto conflicto entre la ciencia y la fe.
Hace cincuenta años, San Josemaría Escrivá comentaba: “Con periódica monotonía, algunos tratan de resucitar una supuesta incompatibilidad entre la fe y la ciencia, entre la inteligencia humana y la Revelación divina. Esa incompatibilidad solo puede aparecer, y aparentemente, cuando no se entienden los términos reales del problema.
Si el mundo ha salido de las manos de Dios, si Él ha creado al hombre a su imagen y semejanza (Gen 1, 26) y le ha dado una chispa de luz, el trabajo de la inteligencia debe—aunque sea con un duro trabajo—desentrañar el sentido divino que ya naturalmente tienen todas las cosas: y con la luz de la fe, percibimos también su sentido sobrenatural, el que resulta de nuestra elevación al orden de la gracia. No podemos admitir el miedo a la ciencia, porque cualquier labor, si es verdaderamente científica, tiende a la verdad. Y Cristo dijo: Ego sum veritas. Yo soy la verdad’”. (Jn 14, 6) [2]
No obstante, es cierto que el diálogo entre la ciencia y la religión, ha sido, a veces, problemático, siempre un reto, y nunca fácil de lograr. El sacerdote, filósofo, físico y teólogo español, Mariano Artigas (1938-2006), en su libro, profundo y original, La mente del universo [3], reconoce que existe un desfase metodológico entre la ciencia y la teología; sin embargo, propone, acertadamente, a la filosofía como puente integrador. [4]
Ciencia
Aunque la ciencia experimental no tiene nada que decir en relación a las preguntas fundamentales sobre el sentido y el porqué de los fenómenos naturales, de las cosas y del mundo; puede, empero, conducir a lo que John Polkinghorne llama “cuestiones fronterizas”. Por lo que, el profesor Artigas concentra su análisis en un tipo de cuestión fronteriza: los supuestos filosóficos, las implicaciones del progreso científico y la retro-alimentación (feedback) del ulterior progreso de la ciencia en relación a sus propios supuestos filosóficos.
Mariano Artigas reconoce tres tipos de supuestos filosóficos: 1) Ontológicos, tenemos evidencia de la existencia de un orden natural, es decir, de la racionalidad y de la inteligibilidad de la naturaleza. 2) Epistemológicos, la habilidad de los seres humanos de conocer dicho orden natural. 3) Éticos, que incluyen, la búsqueda de la verdad, la modestia intelectual, la cooperación, la objetividad y el servicio a la humanidad. Además, ocurre una retro-alimentación (feedback) del progreso científico sobre los supuestos filosóficos, porque el progreso de la ciencia los retro-justifica, los amplifica y los precisa.
Perspectiva ontológica
¿Y qué nos dice el progreso científico sobre estos supuestos filosóficos? Desde una perspectiva ontológica, nuestra cosmovisión actual nos informa que existe un orden en la naturaleza que se manifiesta como dinamismo natural, pautas espacio-temporales, información y auto-organización. Todo lo cual es plenamente coherente con la afirmación de un Dios personal creador y su divina sabiduría.
Desde una perspectiva epistemológica, el progreso de la ciencia nos muestra un ser humano que es parte de la naturaleza, pero que la trasciende mediante su creatividad, su racionalidad y su capacidad de interpretación (todas señales de espiritualidad) y verdaderamente, esta criatura (co-creadora) es muy coherente con un Dios personal creador y su divina sabiduría.
Finalmente, desde una perspectiva ética, la ciencia experimental es esencialmente una empresa humana en la que valores como la cooperación, la objetividad, la modestia intelectual y, sobre todo, la búsqueda de la verdad y el servicio a la humanidad juegan un papel clave. Por lo tanto, el hombre, este ser espiritual y libre, el descubridor y creador del método científico y de la ciencia, quien, además, es capaz de hacerse preguntas fundamentales sobre el sentido y el porqué de los fenómenos naturales, de las cosas y del mundo, es muy coherente con la existencia de Dios, su divina sabiduría y su plan divino.
Estoy seguro que el profesor Artigas ha tenido éxito en descubrir en la ciencia, con la ayuda de la filosofía, un fundamento sólido y objetivo para un diálogo verdadero y fructífero entre la ciencia y la religión. Después de leer La mente del universo, es fácil comprender que la religión nunca tendrá una enemiga en la ciencia, pero sí en la filosofía pseudocientífica conocida como “materialismo científico”. Además, la única manera en que la religión se opondría a la ciencia es cuando esta misma sobrepasara los límites del método científico.
[2] Es Cristo que psas. México, DF: Minos, 1990.
[3] La mente del universo. Pamplona: EUNSA, 2000.
[4] El obispo Robert Barron, en su intervención de apertura de la Conferencia del Asombro (Wonder) sobre La Armonía de la Fe y la Ciencia (Del 13 al 14 de enero del 2023), propone tres caminos filosóficos para superar el cientificismo y construir un puente entre la ciencia y la religión. Los tres caminos son: la inteligibilidad de la naturaleza, la inmaterialidad de la mente y lo inevitable de la metafísica.
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