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Con un corazón de niño algo bueno está por venir

por Editor mdc
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«Dejen que los niños vengan a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos»

En el mes de diciembre transitamos el Adviento, Cristo se hace niño y viene a nosotros para rescatarnos del pecado.

La llena de Gracia, la Inmaculada, nuestra Mamá María da su Fiat y le dice que Sí a Dios.
Dócil, sin poner condiciones, afirma: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra” (Lc. 1,38). Su embarazo es un milagro que, una vez más, nos demuestra que para Dios no hay nada imposible (Lc. 1,37).

Cuando empecé a escribir sobre este tema pensé en mis pequeños sobrinos y los niños que conozco, sus momentos de juegos, sus respuestas que muchas veces te dejan perplejo y su sencillez entre tantas cosas. Seguro que, si te pregunto por tus propias experiencias, vas a tener más de una anécdota que contar.

Jesús nos dice que el Reino de Dios pertenece a los que son como niños (Mt 19,14).
¿Qué significa esto? ¿Cómo se vive? No quiere decir que debo hacer una regresión, como le plantea Nicodemo a Jesús: “¿Puede acaso entrar en el seno de su madre y volver a nacer?” y nuestro Señor le responde que debemos nacer del agua y del espíritu (Jn. 3,1-6).

El sacramento del Bautismo, es un nuevo nacimiento a la vida en Cristo (CIC 1278).
Al pensar en cómo se vive según la voluntad del Señor, recuerdo que cuando mi sobrino más grande era un niño pequeño, estábamos en Misa y me tocó leer la lectura mientras él me observaba sentado en el primer banco. Cuando finalicé, dijo en voz alta en medio de la asamblea “¡muy bien!!”. Si bien causó la risa y ternura de todos los presentes -yo apretaba los labios para tratar de no reírme-, lo que llamó mi atención fue su espontaneidad y sencillez. Sin vueltas, no dudó en felicitarme.

Un rasgo característico de un niño es la confianza en su papá y su mamá, es su hijo y lo será toda la vida, así tenga 90 años. Así mismo debemos ser con Dios, confiados como pequeños, sentir que estamos verdaderamente en su regazo cuando le decimos: “Padre Nuestro” (CIC 2803). Tenemos un Dios que es Padre, al que perfectamente podemos llamar Papá Dios (CIC 742). Tenemos nuestra familia en la Tierra, y también nuestra familia celestial (Prov. 22,6). Tenemos un Padre que nos ama, nos ha pensado desde siempre y aunque no tuviéramos a nadie Dios jamás se olvidará de nosotros (Is. 49, 15 -18). Santa Teresita del Niño Jesús sobre este tema nos dice: “Mi caminito es el camino de una infancia espiritual, el camino de la confianza y de la entrega absoluta”.
Quiere decir que debemos tener ese salto en la fe y navegar mar adentro sabiendo que Nuestro Padre cuida de nosotros (Sal 139,13-16).

En una audiencia en noviembre de 2018, el Santo Padre habló sobre este tema cuando un niño con autismo se acercó a dónde él estaba y jugó con la vestimenta del guardia suizo. Luego reflexionó sobre lo sucedido: “… ¿yo soy también así libre ante Dios? Cuando Jesús dice que tenemos que hacernos como niños, nos dice que tenemos que tener la libertad que tiene un niño delante de su padre”.

En la época de Jesús los niños eran una bendición, pero no tenían privilegios.
Hoy en día, que tiene lo bueno y lo malo como todo, dejemos a los niños ser niños y que se acerquen a Dios.

Ahora bien, ser como niños no quiere decir que nos justifiquemos al ir por la vida haciendo capricho o reproche, por supuesto que no. Tener alma de niño es algo muchísimo más profundo. Cuando le preguntan a Jesús quién es el más grande en el Reino de los Cielos, señala a un niño (Mt. 18,1-14). ¿Y cuáles son las virtudes de quienes poseen alma de niño? Alegría, sencillez, humildad, pureza, inocencia, son llanos y sencillos, van con la verdad, no tienen doblez.

Muchas veces los adultos, como los discípulos, les impedimos a los que tienen alma de niño que se acerquen al Señor. Como a ellos, Él hoy nos dice a nosotros: «Dejen que los niños vengan a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. En verdad les digo: quien no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él». Jesús tomaba a los niños en brazos e imponiéndoles las manos, los bendecía” (Mc. 10, 13-16).

Pidamos a Jesús un corazón como el de los niños. Y así como ellos que invitan a jugar, armemos lazos de amor, invitemos a que todos se acerquen a conocerlo a Él que es el Camino, Verdad y Vida (Jn. 14,6-7). Para conocer y amar a alguien debemos mantener una relación, llamar, visitar, conversar. De la misma manera, para tener una relación con Jesús debemos dialogar con Él a través de la oración, visitarlo en el Santísimo Sacramento, frecuentar la Misa, podemos rezar el Santo Rosario u otra plegaria, regalarle una Rosa, ofrecerle algo o simplemente pasar tiempo con Él (Dt. 6,5-7). En esto Santa Teresita del Niño Jesús nos instruye como nadie: “No poseo el valor para buscar plegarias hermosas en los libros; al no saber cuáles escoger, reacciono como los niños; le digo sencillamente al buen Dios lo que necesito, y Él siempre me comprende”.

Podemos tener 100 años y tener alma de niño. Si ese es nuestro anhelo o si nuestro niño interior está herido o casi muerto, simplemente tenemos que pedirle al buen Dios que resucite nuestro niño interior (Jn. 11,17-45).

Las obras salen del corazón, es decir que lo que sale de nuestro interior es lo que nos hace obrar bien o mal (CIC 2517). A veces vamos disociados y alejados de Dios, que vino a nuestro mundo y pagó un alto precio por nuestro pecado (Mt. 15,17-20). Nosotros somos los que elegimos a Dios con nuestros actos y, si tocamos fondo como el hijo pródigo, podemos volver a los brazos de Nuestro Padre (Lc. 15,11-32).

Por eso, especialmente estos días, junto con los ángeles glorifiquemos a Dios, está por nacer el Salvador, el Mesías, el Señor (Jer. 29,11). La Sagrada Familia no encuentra sitio dónde alojarse y el Niño Jesús tendrá que llegar al mundo en un pesebre. ¿Lo recibirás?

Pidámosle a María Santísima y a San José que nos ayuden a limpiar la paja de nuestro interior, que el Niño Dios encuentre en nuestros corazones un lugar en dónde nacer en paz (Lc. 2,10-16).

El niño Dios nació entre nosotros, creció, jugó, fue arropado por sus padres. Con su ejemplo nos enseñó el camino a seguir.
Les deseo para estas fiestas que el pequeño Jesús los guíe siempre y que les regale el alma de niños.

Para finalizar, recemos juntos al Divino Niño Jesús:

ORACIÓN AL NIÑO DE BELÉN
DE JUAN XXIII

Dulce Niño de Belén, haz que penetremos con toda el alma en este profundo misterio de la Navidad. Pon en el corazón de los hombres esa paz que buscan, a veces con tanta violencia, y que tú sólo puedes dar. Ayúdales a conocerse mejor y a vivir fraternalmente como hijos del mismo Padre.

Descúbreles también tu hermosura, tu santidad y tu pureza. Despierta en su corazón el amor y la gratitud a tu infinita bondad. Únelos en tu caridad. Y danos a todos tu celeste paz.

Amén.

Por eso con un corazón de niño algo bueno está por venir.
Autor: una voluntaria que hasta el cielo no puede parar.


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