Jesús, estás a punto de hacerte presente en el pesebre de mi corazón para traerme vida nueva y salvación, para invitarme a recorrer los caminos de la vida en santidad.
Cuando estoy de rodillas ante el Santísimo Sacramento, estoy a tus pies, Niño Dios, que reposaste tu cabeza un día en el humilde pesebre de Belén. Aquí sigues, Rey de los cielos, oculto y cubierto bajo sencillas apariencias, y quiero adorarte.
Señor, que mi corazón no se cierre a tus palabras ni a tus actos de amor. Niño Dios, que no me respalde en la comodidad de la vida, en lo fácil que ofrece el mundo, en aquello que me perjudica y me separa de Ti.
Socórreme, Jesús Niño, para que pueda caminar a tu lado, de la mano de María y con la fuerza de tu Santo Espíritu por la senda de la santidad.
Así sea
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