Hemos venido, Señor, porque nos llamaste y aquí estamos en tu divina presencia.
Creemos, Señor nuestro, que estás en el Santísimo Sacramento del Altar, tan verdaderamente como estuviste en la cruz y como estás ahora en el Cielo.
Te damos gracias porque nos amaste hasta el final, hasta el extremo que se puede amar: dando tu vida en la Cruz.
Gracias Señor, porque en la última cena partiste tu pan y vino, para saciar nuestra hambre y nuestra sed, y porque en la Eucaristía nos haces Uno contigo, nos unes a tu vida, en la medida en que estamos dispuestos a entregar la nuestra.
Gracias Jesús porque instituiste el sacerdocio para continuar en la tierra la obra divina de salvar a las almas. Protege a tus sacerdotes en el refugio de tu Sagrado Corazón. Bendice sus trabajos y fatigas, y que como fruto de su apostolado se obtenga la salvación de muchas almas.
Te lo pedimos por la Inmaculada Virgen María, tu dulce y Santa Madre.
Amén
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