¡Resucitó el Señor, Aleluya!
Tú eres el fuego del amor que incendia nuestros corazones.
Señor, que resuciten mis manos para que sean delicadas y sepan dar.
Señor, que resuciten mis ojos para que sepan ver al necesitado
y para que los demás se sientan felices por mi modo de mirarles.
Señor, que resuciten mis oídos para que sepan oír tu voz
y no queden sordos a las voces que llaman y piden comprensión.
Señor, que resucite mi boca para que dé testimonio de Ti
y consiga despertar sonrisas.
Señor, que resucite mi corazón para que sea templo vivo de tu Espíritu,
y sepa dar calor y refugio, que sea generoso en perdonar y comprender,
y aprenda a compartir dolor y alegría con un gran amor.
Dios mío, dispón de mí con todo lo que soy y con todo lo que tengo.
Que mi vida tenga el sabor y el perfume de Jesús Resucitado.
Amén
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