Gracias, Señor, porque permaneces en el Sagrario, vivo y palpitando de amor y de misericordia para acoger nuestra fragilidades, debilidades y miserias como solo Tú sabes hacerlo: con infinita comprensión y con bondadosa ternura.
Gracias porque nos das la luz del Espíritu, que nos ofrece sus dones, y nos da la fortaleza que nos falta, nos ayuda a superar las adversidades y a levantarnos de las caídas. ¡Ven, Espíritu Santo! Llénanos de tu amor para que podamos cumplir en todo la voluntad del Padre, viviendo el mandamiento supremo de la caridad.
Gracias, Dios nuestro, por tanto amor. Gracias también por darnos a la Santísima Virgen María como Madre de la Iglesia, Madre de cada uno de nosotros. Que Ella nos enseñe a amarte más y a dirigir nuestros pasos siempre hacia Ti.
Bendito y alabado sea el Santísimo Sacramento del altar.
Sea por siempre bendito y alabado.
Discover more from Misioneros Digitales Católicos MDC
Subscribe to get the latest posts sent to your email.