Hoy celebramos la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús y la Jornada Mundial de Oración por la Santificación de los Sacerdotes. Esta jornada fue designada por el Papa San Juan Pablo II en 1995, en el día del Sagrado Corazón de Jesús como una forma de consagrar el sacerdocio al Sacratísimo Corazón de Jesús quien es siempre el Sumo y Eterno Sacerdote.
El sacerdocio es un sacramento de servicio, uno de los caminos de vida más hermosos que los hombres de Dios pueden elegir en respuesta al llamado de Jesús de seguirle y servirle.
Las vocaciones sacerdotales son de vital importancia para la vida de la Iglesia, sin sacerdotes no hay sacrificio en el altar y perderíamos el regalo diario de Cristo que se nos ofrece en la Eucaristía como Pan de vida.
Por ello, el llamado para todos los creyentes tanto laicos como sacerdotes es orar, orar mucho por la santificación de cada sacerdote de nuestra Iglesia, para que puedan ser imagen viva del amor de Jesús y guiar a las almas al encuentro, por medio de Cristo, con Dios.
Pero que la oración sea ferviente y continua, que no sea solo tarea de un día, sino que se integre a la misión misma de la vida de todo cristiano: vivir en continua comunión con Dios y con los hermanos. Solo una vida de oración puede dar frutos y lograr la santificación personal y de aquellos que tienen en sus manos la misión de evangelizar, escuchar, guiar, curar e incluso salvar al pueblo de Dios.
Oremos y enseñemos a nuestros hijos a orar por los Sacerdotes y las vocaciones Sacerdotales, que cada hombre que se consagra al sacerdocio pueda vivir con plenitud total su entrega y hacer frente, desde la fe y la adoración a Cristo, de cada prueba y tentación que pueda presentarse. Que sepan, como lo diría san Pablo, obtener fortaleza de sus debilidades humanas para que puedan recorrer el camino del sacerdocio con amor, entrega, renuncia de sí mismos y un corazón siempre abierto al prójimo, especialmente al necesitado. Que sepan ser guías de cada justo sin dejar de ir tras las almas que se alejan, para que sean siempre los buenos pastores que Jesús espera y que nuestra Iglesia necesita.
Que esta jornada de oración por la santificación de los sacerdotes nos permita llevar al Sacratísimo Corazón de Jesús los corazones de nuestros sacerdotes, para que los custodie con su amor, los proteja con su fuego de caridad y los guíe siempre con la luz del Espíritu Santo.
Finalmente, que esta Jornada nos permita, como creyentes, reconocer el valor incalculable que el sacerdocio tiene en nuestras vidas y en la misión de la Iglesia. Que aprendamos a mirarlos no solo como dispensadores de los sacramentos, que para todo católico son esenciales, sino que también podamos comprender sus renuncias, sus dificultades y seguir el ejemplo que como hombres de Dios nos muestran cada día, sobreponiéndose a sus propias tribulaciones para estar siempre prestos y dispuestos a atender, servir y guiar a las almas que los necesitan. Los sacerdotes, más que nuestras criticas necesitan nuestras oraciones, más que nuestras quejas, necesitan nuestro apoyo, más que nuestras exigencias necesitan nuestra intercesión ante Aquel que es el Sumo y Eterno Sacerdote: Jesús.
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