Muchos de los consejos que le dio don Quijote a Sancho cuando iba a ser gobernador de la ínsula Barataria tienen que ver con la realización justa y efectiva del gobierno.
Le aconseja que sea imparcial a la hora de juzgar y que evite la ley del encaje (la arbitrariedad) y que no cargue con todo el rigor de la ley al delincuente porque “no es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo” (II, 42; 869) [1]. Además, que si tiene que juzgar a un enemigo que se concentre en la verdad del caso y no en su injuria. Finalmente, que al culpado que cayere bajo su jurisdicción: “muéstratele piadoso y clemente, porque aunque los atributos de Dios todos son iguales, más resplandece y campea a nuestro ver el de la misericordia que el de la justicia” (II, 42; 870).
También, en una carta, don Quijote le aconseja a Sancho que no haga muchos decretos, ya que “las pragmáticas [decretos] que no se guardan es lo mismo que si no lo fuesen” (II, 51; 941).
Sancho Panza tiene la oportunidad de poner en práctica muchos de los consejos anteriores y gobierna con sensatez, prudencia, sabiduría y justicia, tal que realiza algunos juicios salomónicos, que además de ser justos, demuestran ingenio y piedad. En una ocasión le presentaron un dilema, cuya solución pedía un forastero. Había en cierto lugar un puente y al otro lado una horca. Todo el que lo cruzara debería jurar a qué iba y adónde. El que dijera verdad pasaba y el que dijera mentira sería ahorcado. Un hombre juró que iba a morir en esa horca. El problema es que, si le dejan pasar libremente, mintió en su juramento y según la ley debería morir. Y si le ahorcan, habiendo jurado que iba a morir en esa horca, juró verdad, así que, por la misma ley debería ser libre. Sancho dicta sentencia:
—Venid acá, señor buen hombre —respondió Sancho—[…] que le dejen pasar libremente, pues siempre es alabado más el hacer bien que mal. Y esto lo diera firmado de mi nombre si supiera firmar, y yo en este caso no he hablado de mío, sino que se me vino a la memoria un precepto, entre otros muchos que me dio mi amo don Quijote la noche antes que viniese a ser gobernador de esta ínsula, que fue que cuando la justicia estuviese en duda me decantase y acogiese a la misericordia, y ha querido Dios que ahora se me acordase, por venir en este caso como de molde (II, 51; 940, la letra negrita es mía).
[1]Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha. Ed. Francisco Rico. Madrid Alfaguara,2005. Todas las citas provienen de esta edición.
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