Él es el hijo del Carpintero
Evangelio según San Marcos 6, 1-6
En aquel tiempo, Jesús se dirigió a su ciudad y lo seguían sus discípulos.
Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba
asombrada:
«¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros que
realizan sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y
Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?».
Y se escandalizaban a cuenta de él.
Jesús les decía:
«No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa».
No pudo hacer allí ningún milagro, solo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se
admiraba de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.
Palabra del Señor
Transcripción de La Voz del Pastor del 7 de Julio de 2024
Este es el primer domingo del mes de julio y pasado mañana, celebraremos a la Santísima Virgen, Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. Reina de Colombia, Reina de la Paz. Con ella queremos caminar todas las semanas, y todos los días de nuestra vida, y de este mes de julio. A Ella le pedimos que mire a Colombia con bondad y que nos haga a todos instrumentos de La Paz de Cristo.
Como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de su Señora,
así están nuestros ojos en el Señor,
Dios nuestro, esperando su misericordia.
Este capítulo 6 de san Marcos, que vamos a seguir en estos tres domingos, nos va a permitir reconocer a Jesús como misionero. Y la misión de Jesús empieza en su propia tierra, así debe ser.
Nosotros debemos ser misioneros, primero en el ambiente familiar, donde nosotros vivimos. Allí se necesita la luz del Evangelio, pues Jesús comenzó la misión en su propia tierra, con sus paisanos, con sus familiares. Pero ellos se asombran de dónde saca la sabiduría para predicarnos aquí en la sinagoga.
Jesús está predicando en su propio pueblo, y están asombrados. Es cierto Él es el hijo del Carpintero, es cierto él es el hijo de María, es verdad conocen a sus parientes y a sus familiares, pero les falta conocer una dimensión más profunda y más grande de Jesús de Nazaret, y es la dimensión de Hijo de Dios, el misionero de la Misericordia del Padre, el Enviado, el Verbo encarnado, el que está entre nosotros para anunciarnos el Reino y la Salvación.
Pero, es hermoso contemplar a Jesús iniciando la misión en su propia tierra, además dice el evangelista que recorría las aldeas vecinas. Él sigue recorriendo todos los escenarios, no se quede en un solo lugar. Él a través de la Iglesia sigue anunciando la Buena Nueva de la Salvación.
Acojamos la sabiduría misionera de Jesús. Aprendamos de Él y vayamos también nosotros con nuestra vida y con nuestras palabras a anunciar la Buena Nueva de la Salvación.
Que el Señor nos bendiga y acompañe.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
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