Gracias, Madre, gracias por elegirnos y cuidarnos desde el cielo
María, sueño de Dios y esperanza de tus padres, Ana y Joaquín. Virgen inmaculada, que con fe, servicio y ternura criaste a Jesús de la mano de José. Mujer santa, que dos milenios después nos sigues mostrando cómo ser familia, cómo preservar los lazos de amor. Te damos gracias, porque bajo tu manto siempre se siente el calor del hogar.
“Ahí tienes a tu hijo”, te dijo Cristo desde la cruz. Mientras cargaba tus penas y las del mundo entero, te regaló a su amigo y, en él, multiplicó los hijos que te invitó a guiar de generación en generación. En su infinita misericordia, pensó más allá, en las vidas que venían. Y tú, con el corazón partido, una vez más, diste tu Sí.
Gracias, Madre, gracias por elegirnos y cuidarnos desde el cielo.
Amén
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