Esperanza mía, Cristo mío, Tú, dulce amador de los hombres, luz, camino, vida, salvación y paz de los tuyos, por cuya salvación quisiste soportarlo todo, y vives y reinas ahora eternamente por los siglos.
Tú eres, oh, Jesús, mi Dios viviente y verdadero, mi Señor piadoso, mi buen pastor, mi único maestro, mi ayuda en las necesidades, mi amado hermosísimo y mi pan de vida. Eres mi gran misericordia, mi paciencia fortísima, mi víctima inmaculada, mi redención santa y mi esperanza futura.
Te ruego, para que por Ti camine, a Ti llegue y en Ti descanse, pues Tú eres el camino, la verdad y la vida, y sin Ti nadie va al Padre, pues sólo a Ti te deseo, dulcísimo y hermosísimo Señor.
Amén
Fragmento de una oración a Jesucristo de San Agustín
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