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45° Jornada Mundial del Turismo: conocer otras culturas es conocer otros rostros de Dios.

por María Luisa Angarita
45° Jornada Mundial del Turismo: conocer otras culturas es conocer otros rostros de Dios.

La jornada Mundial del Turismo se celebra cada año el 27 de septiembre, una fecha establecida por la Organización de las Naciones Unidas por coincidir con la fecha en que fueron aprobados los estatutos de la Organización Mundial del Turismo de la Naciones Unidas.

La Iglesia Católica, desde el Dicasterio para la Evangelización, en su compromiso continuo por la fraternidad y consciente de su papel en el campo del turismo religioso que generan las peregrinaciones a los diferentes países y templos católicos. Se une a esta Jornada cada año en virtud de promover un espacio de oración, encuentro y reflexión sobre la importancia del turismo para los países, sus generaciones actuales y futuras.

El turismo es una actividad que va más allá del hecho de viajar a conocer otras tierras o paisajes. Quien viaja, no sólo se encuentra con vistas hermosas o con íconos culturales, sino que se encuentra también con otras personas, otros credos, culturas y formas de ver el mundo en un camino de ida que inevitablemente siempre le regresa a sí mismo, a un nuevo yo transformado por la experiencia.

Por esto, es propicia la fecha para reflexionar sobre el valor que el turismo tiene para quienes tienen la oportunidad tanto de viajar como de recibir a quienes viajan. Pues este hecho de trasladarse de un lugar a otro es también una forma de encuentro, de abrirse al otro, de romper la comodidad de nuestras culturas y creencias para conocer en los otros ese rostro de Dios que también se manifiesta en ellos. En su amor, cercanía y acogida. En su cultura, por diferente que sea. En su forma de ver la vida, la divinidad y de vivir el amor de Dios.

Viajar es un reconocer al otro para reconocernos a nosotros mismos. Es también una forma de cumplir la misión evangelizadora que Jesús nos asignase: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación». (Mc 16,15) «Proclamar» no imponer. Acercar no obligar. Compartir la «Buena Noticia», esa es la clave. Compartir la belleza de un mundo creado por Dios para la humanidad, la belleza de cada cultura, cada creencia y cada fe.

En este día que comúnmente llamamos «día del turismo», la ONU propone el lema «Turismo y Paz». Un lema que también nos invita a la reflexión, a pensar cómo en esta tarea de viajar y conocer al otro podemos limar las asperezas, reconocernos como hermanos y apostar por la reducción de los conflictos entre los pueblos. Apostar por la paz es siempre el camino. Apostar por el encuentro entre las personas, aceptando que todos somos diferentes pero iguales a los ojos de Dios.

También es una invitación a mirar más allá de nosotros mismos. Comprender que el turismo es, en muchos casos, y como lo sostiene Monseñor Rino Fisichella pro-prefecto del Dicasterio para la Evangelización, la única entrada de dinero digna que tienen muchos pueblos y personas para subsistir. Un sustento que el drama de la guerra y la violencia arruina, impidiendo que los turistas puedan viajar con seguridad a las regiones afectadas, lo que genera aún más hambre, ruina y miseria.

Por otra parte, en cuanto al turismo religioso y las peregrinaciones que mueven parte importante del turismo mundial, es preciso reflexionar un poco más como creyentes. Comprender que más allá de la visita a un templo o lugar santo, debe prevalecer el espíritu de oración, fraternidad y el respeto por las devociones del otro.

Visitar un templo, peregrinar hacia ellos, debe ser una actividad que vaya más allá de la fotografía y el viaje. Es necesario convertirlo en una verdadera experiencia de transformación, en un encuentro con Dios en lo personal, pero también a través del hermano o del peregrino con quien coincidimos en camino. Y es, especialmente, una oportunidad de mostrar respeto por los ritos y devociones que se realizan en esos lugares santos. Peregrinar en actitud contemplativa, en silencio, descalzando los corazones para entrar en la intimidad de Dios.

Finalmente, que la Jornada Mundial del turismo nos permita construir puentes de fraternidad hacia el otro. Que nos ayude a conocernos y entendernos como una humanidad peregrina que, en su camino de acercamiento al otro, encuentra también un camino de acercamiento a Dios.


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