«Amar a Dios y amar al prójimo»
Evangelio según San Marcos 12, 28b-34
EN aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:
«¿Qué mandamiento es el primero de todos?»
Respondió Jesús:
«El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento mayor que estos».
El escriba replicó:
«Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios».
Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:
«No estás lejos del reino de Dios».
Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.
Palabra del Señor
Transcripción de La Voz del Pastor del 3 de Noviembre de 2024
Hoy es domingo, día del Señor, primer domingo del mes de noviembre. Ayer estábamos celebrando y haciendo memoria agradecida de todos los fieles difuntos, porque usted y yo creemos en la resurrección, y el domingo es el día en que celebramos a Cristo triunfador de la muerte y del pecado.
Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador.
Dios mío, mi Peña y Refugio mío,
escudo mío, mi fuerza salvadora, mi Baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza y quedo libre de mis enemigos.
Le preguntan a Jesús en el capítulo 12 de San Marcos que estamos leyendo: ¿Cuál es el mandamiento más importante de todos? En el Antiguo Testamento había muchos mandamientos, pero había también el decálogo, y el decálogo hace parte de nuestra vida cristiana también, todos los 10 mandamientos. Pero todos los 10 mandamientos, se centran en el más importante de los mandamientos, el mandamiento del Amor.
Cuando hemos celebrado a todos los santos, el primero de noviembre, estamos pensando que los santos son, ante todo, hombres y mujeres que se han dejado amar por Cristo, y la persona que se deja amar por Cristo, es capaz de amar a los demás, incluso a quienes nos persiguen, a aquellos que nos hacen daño, porque es que el amor, es el centro de la vida cristiana.
Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo para que ninguno se condene, para que todos nos salvemos en el amor, estamos predestinados a amar, estamos predestinados a la santidad, estamos llamados a la santidad, pero la vamos construyendo en la medida en que nosotros seamos capaces de trabajar, de caminar, y de vivir, el mandamiento central, amar a Dios y amar al prójimo.
Que el Señor santifique nuestra vida, nuestras familias y la humanidad entera.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
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