«Que todos podamos ser pobres delante de Dios, para enriquecernos con su presencia»
Evangelio según San Marcos 12, 38-44
EN aquel tiempo, Jesús, instruyendo al gentío, les decía:
«¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en las plazas, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas y aparentan hacer largas oraciones. Esos recibirán una condenación más rigurosa».
Estando Jesús sentado enfrente del tesoro del templo, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban mucho; se acercó una viuda pobre y echó dos moneditas, es decir, unos centavos.
Llamando a sus discípulos, les dijo:
«En verdad les digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».
Palabra del Señor
Transcripción de La Voz del Pastor del 10 de Noviembre de 2024
El Señor es mi luz y mi salvación. El Señor es la luz de su familia, de su vida y de la humanidad entera. Este es el domingo, día del Señor y queremos dejarnos guiar en el camino de nuestra vida por su luz.
El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,
hace justicia a los oprimidos,
da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos.
El Señor Jesús, en este capítulo 12 de San Marcos que acabamos de escuchar, propone a una mujer viuda y pobre, necesitada, como protagonista, como centro, como modelo. Qué bueno que la miremos, que miremos con Jesús y con los discípulos, a esta mujer. Esta mujer hace parte de nuestra vida, y de nuestra historia también.
Hay pobres que lo dan todo. Hay una mamá, un papá, una abuela, un joven, que está dándolo todo, una comunidad que se parece a la viuda pobre, teniendo limitación, teniendo austeridad; Sin embargo, vive la generosidad y vive la alegría, y esto nos conecta también en este domingo con la primera lectura del primer libro de los Reyes, capítulo 17, primera Reyes capítulo 17, donde el profeta Elías, llega hambriento, cansado, triste, realizando su misión, y el instrumento para devolverle la vida, para levantarlo, para reafirmarlo en la misión, es una mujer viuda y pobre con su hijo, que tienen poco para comer, pero el Señor a través de la primera lectura y del Evangelio, nos está dando un gran mensaje, esos instrumentos pobres de Dios, en las manos de Dios, son una gran riqueza, son abundancia, nos llenan de esperanza, nos levantan y nos ponen en camino, como al profeta Elías.
Bienaventurados los pobres porque de ellos es el reino de los cielos.
Que el Señor bendiga su familia y que, en medio de nuestras pobrezas, encontremos la riqueza de los instrumentos en las manos de Dios, y desde ya estas lecturas nos preparan para el próximo domingo cuando celebraremos la Jornada Mundial de los Pobres y encontraremos que la oración del pobre llega hasta el corazón de Dios.
Que todos podamos ser pobres delante de Dios, para enriquecernos con su presencia.
Que el Señor nos bendiga y acompañe.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
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