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VIII Jornada Mundial de los Pobres: oración, caridad, servicio

por María Luisa Angarita
VIII Jornada Mundial de los Pobres: oración, caridad, servicio

En el año 2016, durante el cierre del Año de la Misericordia, el Papa Francisco estableció el domingo XXXIII del Tiempo Ordinario de la Liturgia como el día de la Jornada Mundial de los pobres. Este año corresponde al domingo 17 de noviembre.

Con la Jornada Mundial de los Pobres el Papa Francisco busca hacer un llamado de atención tanto a creyentes y no creyentes sobre el drama real que la pobreza implica cada día en la vida de quienes la experimentan. Lo hace a través de su mensaje que año tras año comparte al respecto, pero también a través de sus intervenciones constantes, sus catequesis y homilías, sus encíclicas y exhortaciones.

Si algo ha destacado el papado de Francisco es una preocupación real y continua por los pobres, los marginados, los excluidos y su lucha contra la cultura del descarte. Al Papa Francisco le duele el sufrimiento de los pobres, como debería dolernos a todos. Señala la dureza de sus vidas, su fragilidad ante la carencia de los recursos más básicos para vivir, e incluso señala un punto débil de nuestra propia Iglesia:

[…] la peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual. La inmensa mayoría de los pobres tiene una especial apertura a la fe; necesitan a Dios y no podemos dejar de ofrecerles su amistad, su bendición, su Palabra, la celebración de los Sacramentos y la propuesta de un camino de crecimiento y de maduración en la fe. La opción preferencial por los pobres debe traducirse principalmente en una atención religiosa privilegiada y prioritaria. (Evangelii Gaudium, 200)

Pero si entendemos a la Iglesia como una comunidad de creyentes, entonces debemos entender también que no es solo tarea de los sacerdotes y religiosos atender a los pobres y velar por ellos, sino de todos, de cada laico creyente. El problema, como lo denuncia Su Santidad en su mensaje del año pasado, es que los pobres suelen llamarnos la atención por un momento «pero cuando se encuentran en carne y hueso por la calle, entonces intervienen el fastidio y la marginación.» (Mensaje de la Jornada Mundial de los Pobres 2023, #4)

Basta con mirar un poco a nuestro alrededor para ver el rostro de la pobreza. Personas que mendigan un poco de alimento o algunos centavos; personas que duermen en la calle a falta de un techo; niños que asisten a sus escuelas con hambre para luego toparse con comedores vacíos porque los recursos se han destinado a otras cosas; familias que no pueden obtener asistencia médica porque carecen de los recursos para pagarla pues sus gobiernos prefieren reducir gastos en la atención de sus ciudadanos, mientras perdonan impuestos a los que más tienen.

Cuando se trata de la pobreza todos fallamos del algún modo. Todos de alguna forma contribuimos a la marginación y la exclusión, y es una realidad que nos atraviesa, que cruza el seno de nuestras propias familias y se extiende a lo que el Papa suele describir como las “Periferias”.

Ocurre cuando miramos a otro lado, cuando caemos nosotros mismos ante las exigencias del mercado sin darnos cuenta, sin ver un poco más allá y analizar cómo hasta el desarrollo de las nuevas tecnologías, que adquirimos a precios desorbitantes, contribuye a la creación de más pobreza en otras regiones donde las personas son explotadas. Donde el trabajo infantil y la miseria son la norma.

En su mensaje de este año el Papa Francisco nos exhorta a ir más allá de nosotros mismos y a convertir la opción preferencial por los pobres en una misión pastoral que acoger, atender y alimentar, más allá de lo que se hace actualmente. Porque no se trata solo de la acción de algunos grupos pastorales o eclesiales destinados a ello, a quienes reconoce con admiración su labor, sino que todo cristiano debería poder asumir como suyo el dolor del pobre, entendiendo que Nuestro Señor Jesucristo nació también en un hogar pobre y nos mostró la humildad más genuina al encarnarse y nacer en un pequeño y simple pesebre. Humildad que sostuvo durante toda su vida, velando por los pobres, alimentando sus corazones y estómagos, devolviéndoles la salud, acompañando sus penas.

De esto se trata también la vida del creyente, de velar por el otro, acogerlo, cuidarlo. De esto se trata la Opción de la Iglesia por los Pobres, acoger su fragilidad, cuidarlos, rezar con ellos, acercarlos al Padre. Hacer de la oración por ellos una acción también. Una caridad que «se hace encuentro y cercanía» porque «una fe sin obras es una fe muerta.» (St 2,26). Así nos los pide el Papa Francisco, así nos los pide también Jesús «Os aseguro que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis.» (Mt 25,40)

En la caridad perfecta del amor de Dios los pobres tienen un lugar privilegiado. Dios está con ellos, vela por ellos, los cuida y acompaña. Reconoce en su humildad su sed de Dios. El papa Francisco nos invita a vivir en humildad, abrir nuestros corazones a los más necesitados y a entendernos también necesitados de Dios. Solo un alma humilde puede entender cuánto necesita a Dios. En ese entendimiento los pobres tienen toda una teología que enseñarnos.

Falta poco para terminar el año de la oración y el Papa nos pide especialmente que nuestra oración por los pobres se vuelva acción. Que la oración sea nuestro sustento para obrar por los pobres, para integrar grupos de apostolados que velen por ellos, para crear nuevos planes de acompañamiento, evangelización y asistencia. Para establecer iniciativas de ayudas concretas. Que podamos ver como creyentes que nuestro obrar hacia ellos y por ellos es también nuestro obrar hacia Dios.

La pobreza material no es obra solo de la carencia de recursos o de los problemas económicos de los países. Surge también de las guerras, las migraciones forzadas, las familias rotas, el mercado que cada día crea más y más cosas para el consumo, y que nos hace creer que son el camino de la felicidad cuando no es así.

Ante un mundo cada vez más cargado de consumismo y derroche, donde los valores cristianos parecen quedar en desuso y donde hasta muchos cristianos caemos ante el exceso, la tentación del tener, el egoísmo y la cultura del descarte, vale la pena detenernos un momento y pensar: ¿Cómo desde mi diario vivir puedo apoyar a quienes viven en situación de pobreza? Entendiendo que la Iglesia somos todos ¿Cómo vivo la Opción Preferencial por los Pobres? ¿Qué valores enseño a mis hijos? ¿Cómo actúo ante el hermano que sufre, que mendiga, que toca la puerta y me pide un poco de alimento? ¿Comparto lo que tengo, lo que me sobra o lo que necesito? Tal como la viuda del evangelio de san Marcos 12, 38-44. Allí está la diferencia.

Recientemente celebramos el día de todos los santos y en redes sociales vimos muchas publicaciones sobre el llamado a la santidad que todos los creyentes tenemos. Pues bien, el camino a la santidad es un camino de amor, esto implica, caridad, servicio, entrega y hacer viva la fe a través de las obras. Que sepamos vivir este camino, paso a paso, junto a los hermanos más necesitados, siguiendo el mejor ejemplo, el de Nuestro Señor Jesucristo, y entendiendo que, como expresa Su Santidad, «la vocación de todo cristiano es implicarse en primera persona.» (Mensaje de la Jornada Mundial de los Pobres 2023, #4)


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