Evangelio según San Lucas 1,39-45
María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá.
Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo,
exclamó: “¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?
Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno.
Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor”.
Meditación:
El Evangelio de hoy nos enseña a responder ante los demás sin esperar recibir algo a cambio
¡Hola, chicos!
En el evangelio de hoy, recordamos cómo debemos responder todos los que llevamos a Jesús en nuestro corazón ante las necesidades de quienes nos rodean: ¡pronto y sin esperar recibir algo a cambio!
1)María partió: María se fue a ayudar a su prima Isabel rápido, cuando la necesitó. No se puso a pensar qué dirían otros, qué le pasaría a ella si iba a ayudar… se enteró de la necesidad y fue. Nosotros, al sentirnos tan amados por Jesús, lo más natural es que nuestro corazón también nos invite a salir pronto a ayudar. Y sin esperar nada a cambio. Porque antes nos sentimos muy amados por Dios. ¿Tú ayudas a otros sin esperar nada a cambio? ¿Alguna vez te sentiste mejor porque alguien te ayudó “solo porque sí”?
2)Juan saltó de alegría: Cuando María visitó a Isabel, Juan, el bebé de Isabel, saltó de alegría dentro de su vientre. Vivir con alegría y entusiasmo es otra característica de quien se encuentra con Jesús. Y se entera de cuánto nos ama. ¿Vives con alegría y esperanza y compartes esa alegría con los demás?
3)Ser feliz: cuando invitas a Jesús a ser parte de todas las actividades en tus días, aprendes a vivir feliz. Porque ser feliz no depende de las cosas que suceden a nuestro alrededor, sino de cómo decidimos verlas. Pase lo que pase, incluyendo cuando las cosas no salen tan bien, si Jesús te acompaña, puedes estar seguro que tarde o temprano algo bueno siempre está por venir. Esa certeza llena de alegría y de paz.
Recuerden, amigos, Jesús nos enseña a actuar de corazón y a ofrecer nuestra ayuda sin esperar recibir algo a cambio. Y Él se encarga de que sea cierta la frase que dice: la felicidad está más en dar que en recibir.
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