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«La Presentación del Señor»

por Mons. Luis José Rueda Aparicio
Zaqueo -cathopic

«Jornada Mundial de Oración por la Vida Consagrada»

Evangelio según San Lucas 2, 22-40

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.» Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.

Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.»

Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño.

Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

Palabra del Señor

Transcripción de La Voz del Pastor del 2 de Febrero de 2025

En este domingo 2 de febrero, la Iglesia celebra esa hermosa Fiesta de la Presentación del Niño Jesús en el Templo. Además, es la Jornada Mundial de oración por la Vida Consagrada, hombres y mujeres religiosas y religiosos que hacen parte del camino del pueblo de Dios.

“Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz.
Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos:
luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel”.

En esta Fiesta de la Presentación del Señor, la Iglesia nos propone el capítulo 2 de san Lucas que acabamos de escuchar y quisiera destacar, tres personajes en medio de este pasaje cuando José y María van con el niño a presentarlo al templo: El primer personaje, es un personaje familiar, José, la virgen y el niño van peregrinando al templo.

En este año del Jubileo, se nos invita a peregrinar, a ponernos en camino, es que la esperanza pasa a través de su familia, es que cada familia es un lugar, es un templo, es una escuela de la esperanza. Ellos van a presentar al niño sabiendo que es el Hijo de Dios, van a presentarlo con una ofrenda pobre y sencilla, también nuestras familias se presentan con una ofrenda pobre y sencilla, pero siempre delante del Señor, llenos de confianza y alimentando la esperanza.

El segundo personaje es Simeón, que es un hombre movido por el Espíritu Santo, es un anciano, pero, el Espíritu Santo lo mantiene joven, el Espíritu Santo renueva en él la esperanza y por eso puede llegar a tener en sus manos al Salvador de la humanidad, y qué bella expresión de este anciano; “ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz”.

Los ojos de Simeón, las manos de Simeón, han tocado la fuente de nuestra esperanza que es Jesucristo, el niño nacido en el hogar de María y José.

El tercer personaje se llama Ana, es de la tribu de Aser, es una tribu extinta, acabada, pero ella simboliza como una pequeña semilla que perseveró de esa tribu, y que era muy anciana ya, viuda y, sin embargo, ha mantenido la esperanza.

También fijémonos que todos los personajes de este capítulo 2 de san Lucas, nos hablan de esperanza, la familia, el anciano Simeón, y la anciana Ana, para que nosotros hoy cuando llevemos esa luz encendida, en nuestra vida, en esta celebración de la Presentación del Señor, sea una luz de esperanza que renueva nuestra vida y nuestro caminar con Cristo.

Que el Señor nos bendiga y acompañe.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén


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