«Yo tampoco te condeno»
Evangelio según San Juan 8, 1-11
EN aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba. Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿Qué dices?». Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra». E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer en medio, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿Dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?». Ella contestó: «Ninguno, Señor». Jesús dijo: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más».
Palabra del Señor
Transcripción de La Voz del Pastor del 6 de Abril de 2025
Este es el primer domingo del mes de abril. Estamos en la Cuaresma; Ya es el quinto domingo de Cuaresma y estamos invitados por el Papa Francisco: Caminemos juntos en la esperanza
Cuando el Señor nos hizo volver
a los cautivos de Sion
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares.
Estamos en el capítulo 8 de San Juan y el protagonista es Jesús, pero al lado de él una mujer, una mujer con lágrimas, una mujer con las heridas del pecado, pero además, una mujer juzgada y condenada por los fariseos y los escribas que se creen santos, que creen que no tienen errores, que creen que ellos son los dueños de la vida del que se ha equivocado, de esta mujer sorprendido en adulterio.
Jesús conoce el corazón de esta mujer como conoce el corazón de cada uno de nosotros. Por eso nos mira, y nos mira profundamente, y nos mira no para condenarnos, sino para levantarnos, para darnos otra vez la oportunidad de vivir en santidad. Nos renueva en la esperanza.
Me emociona este texto, Jesús mirando a esta mujer y diciéndole: “Mujer ¿Dónde están tus acusadores? ¿Dónde están aquellos que pretendían ser más santos? ¿Dónde están? Yo tampoco te condeno. Vete y en adelante no peques más.
Eso se lo dice el Señor Jesús a esta mujer y a cada uno de nosotros en Cuaresma: Yo tampoco te condeno. Y eso hace que nosotros pasemos del miedo a la confianza, a sentir la cercanía de la misericordia de Dios.
Vete y en adelante no peques más.
Que el Señor nos bendiga y acompañe.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
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